domingo, 6 de agosto de 2017

LA TRANSFIGURACIÓN DEL SEÑOR 2017 - HOMILÍA

LA TRANSFIGURACIÓN DEL SEÑOR 2017
HOMILÍA
EL CAMINO HACIA LA GLORIA CON CRISTO PASA POR LA CRUZ. NO HAY OTRO

Muy queridos hermanos y hermanas,
El relato de la transfiguración del Señor se sitúa en el inicio de la tercera parte del evangelio de Mateo. En esta última etapa Jesús enfila decididamente sus pasos hacia Jerusalén y se concentra en la formación de sus discípulos para que estén en condiciones de compartir su pasión y su muerte en cruz. Luego de la profesión de fe formulada por Pedro, Jesús empieza a mostrar, de manera abierta, cual es la figura de mesías que él está llamado a realizar. Los discípulos necesitan ir asimilando poco a poco el camino doloroso que su Maestro les propone y lo que significa para ellos y para todos los que quieran hacerse discípulos de Jesús. Van a ir descubriendo que el camino doloroso que Jesús quiere recorrer es necesario para la salvación de la humanidad y la glorificación de Jesús. Ese mismo camino les tocará recorrer a ellos y a los seguidores del mañana, si quieren ser fieles al seguimiento de su Señor.
Este anuncio trastorna la cabeza de Pedro y la de sus compañeros. Ellos caminan con Jesús en medio de los pobres, pero en su mente cultivan proyectos de grandeza. Sueñan con un Mesías político que va a expulsar a los invasores romanos e re-instaurar gloriosamente el Reino de Israel. Esperaban un rey glorioso. Por eso se escandalizan al oír los anuncios que, por tres veces, Jesús hace de su pasión y muerte. Jesús recrimina fuertemente a Pedro por su falta de comprensión y aceptación de los designios de su Padre y lo invita a él y a los demás discípulos a una profunda conversión para estar en capacidad de seguirlo, renunciando a sí mismos, cargando con su cruz y colocando sus pasos detrás de los suyos.
El pasaje de la Transfiguración, acontecimiento de la vida de Jesús que hoy celebramos, y en el que Jesús aparece glorioso en lo alto de un monte, era una ayuda para que ellos pudiesen superar el trauma de la cruz y estar así en condiciones de descubrir el verdadero mesianismo de Jesús y el sentido profundo de sus vidas. Pero, aun así, muchos años después, cuando ya estaba difundido el cristianismo en Asia menor y Grecia, la cruz seguía siendo un gran impedimento para las comunidades procedentes del judaísmo y del paganismo.
En su primera carta a los Corintios el apóstol Pablo se ve en la necesidad de abordar este tema. Para los de cultura judía la cruz es una locura; para los que provienen del paganismo, es un escándalo. Uno de los mayores esfuerzos de los escritores y pastores de los primeros siglos consistió a ayudar a los miembros de la comunidad a situar con claridad el tema de la cruz y del sufrimiento como camino hacia la gloria. La cruz no es ni una locura ni un escándalo sino la expresión más preciosa de la sabiduría de Dios (Cf 1 Co 1,22-31). Es en esta perspectiva que yo los invito, queridos hermanos, a leer, meditar y aplicar el texto del evangelio de la Transfiguración. La cruz es el camino hacia la gloria para Jesús y para sus seguidores y no hay otro. No hay atajo. No hay plan B.
Jesús mismo nos lo dice claramente en el texto que viene inmediatamente después del primer anuncio de su pasión: “Si alguno quiere venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue su cruz y me siga. Porque el que quiere salvar su vida la perderá, pero el que pierda su vida por mí la encontrará. ¿De qué le servirá a uno ganar el mundo entero si ´pierde su vida?” (Mt 16,24-26). Todo lo que el evangelista nos narra sobre la transfiguración tiene por finalidad dejar bien claro que ese es el camino ya señalado para el Mesías en las Escrituras y el que corresponde a los designios del Padre para salvar la humanidad.
En la cima de la montaña, Jesús manifiesta el esplendor de su gloria, escondida en su humilde humanidad, ante tres de sus discípulos. La montaña evoca el monte Sinaí donde en el pasado, Dios había manifestado su voluntad a su pueblo recién liberado por medio de Moisés. Los vestidos blancos recuerdan el resplandor que cubrió a Moisés cuando bajó de la montaña con las tablas de la Ley. Junto a Jesús transfigurado, aparecen Moisés y Elías, las dos mayores autoridades del Antiguo Testamento. Moisés representa la Ley. Elías la profecía. Con su aparición a los lados de Jesús, concuerdan para reconocer que Jesús es el Mesías que recoge en su persona toda la Escritura y todas las promesas mesiánicas. Lucas, por su parte, informa que conversaban con él sobre su próximo éxodo, es decir su muerte en Jerusalén. Queda así claro que tanto la Ley como los Profetas enseñaban que ese era y no otro el camino que asumiría el Mesías para redimir la humanidad del pecado.
Pedro, en medio de su temor, se siente bien y quiere quedarse de una vez en ese éxtasis de gloria en la montaña. Y con razón pues ese es nuestro destino final. Los otros dos quedan como embotados ante la revelación divina.  En eso resuena la voz del Padre desde la nube: “Este es mi hijo amado en quien me complazco. Escúchenlo”. La expresión “Hijo amado” evoca la figura del Mesías Siervo, anunciado por el profeta Isaías (cf. Is 42,1). La expresión “Escúchenlo” evoca la profecía que prometía la llegada de un nuevo Moisés (cf. Dt 18,15).
Jesús es realmente el Mesías glorioso y el camino para la gloria pasa por la cruz, según había sido anunciado en la profecía del Mesías Siervo (Is 53,3-9). La gloria de la Transfiguración lo comprueba. Moisés y Elías lo confirman. El Padre lo garantiza. Jesús lo acepta. Los discípulos están llamados a convertirse para acoger al Mesías servidor sufriente sin reticencia. A él debemos escuchar y seguir fielmente sin desfallecer. Solo al final, después de haber recorrido todo el camino de la vida incluyendo la muerte, se manifestará la gloria.
La Cruz de Jesús es la prueba de que la vida es más fuerte que la muerte. Estamos ante la piedra de escándalo del cristianismo, la parte más dura de asimilar, de aceptar y de vivir.  La comprensión total del seguimiento de Jesús no se obtiene por medio de la instrucción teórica, pero sí por el compromiso práctico, caminando con él por el camino del servicio, desde Galilea hasta Jerusalén.
La civilización actual también rechaza el sufrimiento y la cruz. Por eso busca inventar todo tipo de evasiones para ignorarlos. Por otro lado, cada día vemos con mayor consternación cómo grandes masas de seres humanos son explotados inmisericordemente por sus semejantes en la esclavitud sexual, la trata de blancas, el comercio de órganos, la industria del aborto, trayendo consigo la miseria y la degradación humana. Es claro que debemos aplaudir todos los progresos de la ciencia médica para enfrentar y curar enfermedades que causan tanto dolor y superar en cuanto sea posible el sufrimiento humano. Pero estos avances no suprimen la existencia de la enfermedad, de la finitud y del sufrimiento que la humanidad lleva dentro de sí. Tenemos pues que aprender a vivir con esa realidad dolorosa y difícil.
En esta situación se encuentra hoy el pueblo venezolano. Gran parte de su angustia y de su sufrimiento es causado por aquellos que debieran servirles para hacerles la vida más llevadera y humana. Hermanos venezolanos derraman sangre de otros hermanos venezolanos. Eso no está bien. Como esa realidad está allí delante de nosotros, tenemos que aprender a reconocerla para poder, con la fuerza que nos comunica el hombre de la cruz y del amor, Cristo Jesús, impedir que nos aniquile moral y espiritualmente.
El camino de la cruz que transfigura a los seres humanos en hermanos pasa por una permanente actitud de servicio, de fraternidad y de reconciliación. ¿No será mejor entonces aprender a recorrerlas, a asumirlas con Cristo, de la manera más humana y solidaria posible, para transformarlas en caminos de fraternidad solidaria, en crecimiento de convivencia humana y en aceptación de unos y otros para poder adelantar la construcción de un mundo mejor?
Jesús nos enseña que la cruz forma parte del camino humano, pero no es la meta. Quedarse en ella es inhumano y puro masoquismo. Dios no quiere el dolor por el dolor, como condición humana permanente. El dolor y el sufrimiento no son castigos de Dios. Hay que superarlos. Hay que ir más allá. Pero no ignorándolo o combatiéndolo artificialmente sino transformándolos como Jesús y con Jesús en camino hacia la gloria y la transfiguración. Con la esperanza de alcanzar esa tierra nueva y ese cielo nuevo desde ahora, desde nuestras condiciones terrestres limitadas, y más tarde en toda su plenitud. Ese es el reto que el Señor nos propone. Esa es su apuesta. Y nos invita como a los tres discípulos de la montaña a no tener miedo en recorrerla con fe. El hizo el camino completo y nos garantiza que es el único que tiene salida.
Que el mismo Dios que dijo: «Brille la luz del seno de las tinieblas», haga hecho brillar la luz en nuestros corazones, para que demos a conocer la gloria de Dios que resplandece en el rostro de Cristo. El himno litúrgico siguiente recoge toda la enseñanza de esta hermosa fiesta:
Para la cruz y la crucifixión,
para la agonía debajo de los olivos,
nada mejor
que el monte Tabor.
Para los largos días de pena y dolor,
cuando se arrastra la vida inútilmente,
nada mejor
que el monte Tabor.
Para el fracaso, la soledad, la incomprensión,
cuando es gris el horizonte y el camino,
nada mejor
que el monte Tabor.
Para el triunfo gozoso de la resurrección,
cuando todo resplandece de cantos,
nada mejor
que el monte Tabor. Amén.
Maracaibo 6 de agosto de 2017

+Ubaldo R Santana Sequera fmi
Arzobispo de Maracaibo


viernes, 4 de agosto de 2017

¿EN QUE CONSISTE SER HOY BUEN PASTOR?

Con motivo de la fiesta de San Juan María Vianney, santo sacerdote francés del siglo XIX, quiero animarlos a todos ustedes, mis queridos hijos, a mantener viva la llama de su sacerdocio y de su servicio pastoral, compartiendo con ustedes parte de la homilía que Mons. Ángel Caraballo pronunció la semana pasada, en la ordenación presbiteral de Fray Fabián, un religioso agustino venezolano. ¡Feliz día del párroco! Mons. Ubaldo Santana.

¿En qué consiste ser hoy día, en medio de la sociedad venezolana, polarizada, empobrecida y divididas por luchas ideológicas, Buen Pastor?

El sacerdote, buen pastor, debe estar delante (EG, 31), para indicar el camino y cuidar la esperanza del pueblo, es decir, debe convertirse en modelo, en guía y en luz. El sacerdote es el primero en hacer lo que tienen que hacer los demás, el primero en emprender el camino que han de seguir los demás.

A imitación de Jesús el Buen Pastor, el sacerdote debe estar en medio de todos (EG, 31), con su cercanía, sencilla y misericordiosa. Debe llenar su actividad cotidiana de tiempos para los demás y de tiempos para el Señor. El sacerdote debe alimentarse del pan de la palabra y de la eucaristía, de la oración personal, del rezo y meditación de la Liturgia de las Horas y el rezo del Rosario, pues está convencido que sin Jesús no puede hacer nada, que es un simple instrumentos en sus manos, y que su misión principal misión es dar a Jesús a quien tiene en su corazón. Es práctica que debemos preservar durante toda nuestra vida de servicio.

En ese trato cercano con la gente, el sacerdote a imitación de Jesús, debe mirar a las personas a sus ojos con una profunda atención amorosa; debe ser siempre accesible a la gente, evitar protocolos innecesarios; no debe hacer caso al qué dirán ni a los respetos humanos, cuando se trata de servir a los excluidos de la sociedad; no debe aferrarse a un horario de atención al público como si fuese un funcionario público que gana por las horas que trabaja. En fin, debe vivir no para sí mismo sino para los demás.

El sacerdote, en ocasiones, deberá caminar detrás del pueblo para ayudar a los rezagados y, sobre todo porque el rebaño mismo tiene su olfato para encontrar nuevos caminos (EG, 31). Ha de tener un corazón magnánimo en el cual, entre todas las personas, especialmente aquellas que, por su condición política, social y económica, son excluidas y no tomadas en cuenta.

Dentro de algunos minutos, Fabián, públicamente, serás interrogado sobre tu idoneidad y recta intención de recibir este misterio que te confiará la Iglesia. Y, posteriormente, actuarás siempre públicamente, en representación de la Iglesia y de la Orden a la cual perteneces. Que seas siempre buen ejemplo para el pueblo fiel. Recuerda la advertencia que San Agustín hace sobre los malos pastores, quienes, colocados a la vista de todo el pueblo fiel, matan a sus ovejas con el mal ejemplo. pues desaniman a las fuertes y a las débiles les dan ocasión de justificar sus propios pecados, como si estas ovejas dijeran: “si mi pastor vive de esta forma, ¿quién soy yo para no hacer lo que él hace? Se trata de malos pastores a los que san Agustín aplica las palabras del evangelio: “Hagan lo que les dicen, pero no hagan lo que ellos hacen” (Mt 23, 3). Y un mal pastor es un pésimo testimonio para la promoción vocacional.

Al final del evangelio, el Señor nos ha dicho: “La mies es mucha, pero los obreros son pocos. Rueguen, por tanto, al señor de la mies que envíe obreros a su mies” El Señor, de alguna manera, empeña su palabra: tendremos más sacerdotes, si rezamos más por las vocaciones sacerdotales y religiosas.

San Juan Pablo II, durante su dilatado pontificado, solía, cada año, enviar una carta a los sacerdotes el jueves santo. En su primera carta, relata una experiencia que se daba con cierta frecuencia en Alemania del Este, tras el telón de acero donde la persecución los dejó sin sacerdotes. Dice el Papa: “piensen en los lugares donde esperan con ansia al sacerdote, y desde donde hace años, sintiendo su ausencia, no cesan de desear su presencia. Y sucede alguna vez que se reúnen en un santuario abandonado y ponen sobre el altar la estola aun conservada y recitan todas las oraciones de la liturgia eucarísticas: y he aquí que el momento que corresponde a la consagración desciende en medio de ellos un profundo silencio, alguna vez interrumpido por llantos… ¡Con tanto ardor desean escuchar las palabras, que solo los labios de un sacerdote pueden pronunciar eficazmente! ¡Tan vivamente desean la comunión eucarística, de la que únicamente en virtud del ministerio sacerdotal pueden participar!  Como esperan también ansiosamente oír las palabras divinas del perdón: “yo te absuelvo de tus pecados”. Tan profundamente sienten la ausencia de un sacerdote en medio de ellos.

Estos lugares no faltan en el mundo ni en Venezuela. Venezuela necesita muchos y santos sacerdotes. La Orden de San Agustín necesita muchos y santos sacerdotes religiosos. En la última Asamblea Ordinaria del Episcopado Venezolano, nos sentamos, obispos y promotores vocacionales, a analizar la situación vocacional en Venezuela. Estudiamos los datos correspondientes a los años 2010-2015, que aparecen en el Anuario Pontificio. Según esos datos, en ese período, fueron ordenados 411 sacerdotes, fallecieron 100 sacerdotes y 36 abandonaron el ministerio. El número de sacerdotes diocesanos ha crecido en un 13%, mientras que los sacerdotes religiosos se han reducidos en un 9%. En cuanto al número de seminaristas diocesanos se mantiene por encima de los 800, en cambio, el número de los formandos religiosos se ha reducido en un 25%. De 412 formandos en el 2010, pasaron a 302, y actualmente hay una tendencia a la baja. Estos datos nos deben llevar a secundar el mandato del Señor: Orar para que el Señor envíe sacerdotes a su Iglesia.

+Mons. Ángel Caraballo
Obispo Auxiliar de Maracaibo

viernes, 28 de julio de 2017

Comunicado a los Sacerdotes y Diáconos sobre las Eucaristías del Domingo 30/07/17 y de los domingos siguientes.

Arzobispo de Maracaibo
Comunicado a los Sacerdotes y Diáconos
sobre las Eucaristías del Domingo 30/07/17 y de los domingos siguientes.

Sin el domingo no podemos vivir
“Se dedicaban continuamente a las enseñanzas de los apóstoles,
a la comunión, a la fracción del pan y a la oración”. (Hch 20, 11)

Sin el domingo no podemos vivir”, con esta célebre frase de los mártires de Abitina  (304), y que el Papa Benedicto XVI comentó en la homilía de la Misa de clausura del Congreso Italiano (Bari 29-05-05), quiero dar respuesta a las inquietudes de algunos de ustedes, deseosos de saber qué criterios y pautas debemos asumir con relación a la celebración de las eucaristías de este domingo 30.
1) Lo primero que tengo que recordarles es la principalidad del domingo en la vida cristiana como celebración semanal de la Pascua (cc. 1.247 y 1.248). “Sine dominico non possumus; es decir, sin reunirnos en asamblea los domingos para celebrar la Eucaristía no podemos vivir. Nos faltarían las fuerzas para afrontar las dificultades diarias y no sucumbir.
2) Necesitamos este Pan para afrontar las fatigas y el cansancio del viaje. El domingo, día del Señor, es la ocasión propicia para hallar fuerza en Él, que es el Señor de la vida. El precepto festivo no es, pues, un deber impuesto desde fuera, un peso con el que tengamos que cargar. Al contrario, participar en la celebración dominical, alimentarse del Pan eucarístico y experimentar así la comunión de los hermanos en Cristo es una necesidad para el cristiano, una alegría; de esta forma  el cristiano puede encontrar la energía para el camino que hemos de recorrer.
3) No está en mi potestad- excepto en casos de extrema gravedad- ni en la potestad de ningún párroco o sacerdote, privar al pueblo cristiano de esta gracia fundamental. Al contrario, debemos ofrecerle todos los medios de salvación de los cuales somos simples administradores para que se sostenga firme en su fe, alimente su esperanza y viva las múltiples formas de la caridad, que las circunstancias le exigen. (c. 213)
4) En estos tiempos de gran tribulación y zozobra por los que atraviesa nuestra patria, reunirnos para orar juntos, escuchar la Palabra y alimentarnos del Pan eucarístico es más necesario que nunca. Solo así podremos estar más unidos al Señor y entre nosotros, fortalecer nuestros vínculos de solidaridad fraterna, acertar en nuestras actuaciones cívicas e impedir que la duda socave nuestra fe, la angustia corroa nuestra esperanza y el pesimismo apague el fuego de nuestra caridad.  
5) Por lo tanto, hechas las debidas consultas, dispongo los siguientes criterios y pautas de actuación para las eucaristías de este domingo 30 de julio y para los próximos si las circunstancias críticas se mantienen:
6) Es conveniente y necesario, como norma general, mantener las misas dominicales. Nunca se deben suprimir ni tampoco mantener cerrado el templo, al menos que existan circunstancias extremadamente graves que pongan en riesgo la integridad de los fieles y el edificio. De existir tales circunstancias deben notificarlo a las autoridades para pedir protección y notificarlo al Arzobispo o al Obispo auxiliar para obtener la autorización.

7) Que cada uno después de haber orado y haberle pedido al Señor las luces del Espíritu para hacer un discernimiento cristiano, evalúe el ambiente de seguridad que rodea el templo parroquial, y en función de ello, reacomode, si es necesario, los horarios o suprima, eventualmente, alguna de las misas que tiene programada. El Señor sabrá iluminarnos para que no llevemos a cabo aquellas acciones temerarias que puedan o privar al rebaño del alimento de vida o exponerlo a riesgos y peligros mayores.
8) Que Nuestra Señora de Chiquinquirá nos acompañe en este hermoso servicio del pastoreo que, en situaciones como esta, nos piden dejar de lado el miedo, afianzarnos firmemente en la fe y ser capaces de transmitir la fortaleza espiritual y la esperanza que tanto ansía nuestro pueblo en estos momentos. Dios los bendiga.
Maracaibo 29 de julio de 2017

+Ubaldo R.  Santana S. FMI
Arzobispo Metropolitano de Maracaibo

+Ángel Caraballo
Obispo Auxiliar

jueves, 27 de julio de 2017

ANTE LAS ELECCIONES PARA LA CONSTITUYENTE Dios no hizo la muerte ni se recrea en la destrucción de los vivientes (Sabiduría 1,13)

CONFERENCIA EPISCOPAL VENEZOLANA
PRESIDENCIA


ANTE LAS ELECCIONES PARA LA CONSTITUYENTE
Dios no hizo la muerte ni se recrea en la destrucción de los vivientes (Sabiduría 1,13)

1.- Faltando pocas horas para las elecciones de la Asamblea Nacional Constituyente, la Presidencia de la Conferencia Episcopal Venezolana reitera su rechazo a esa iniciativa, por considerarla inconstitucional, pero además, innecesaria, inconveniente y dañina para el pueblo venezolano. En efecto: no ha sido convocada por el pueblo, tiene bases comiciales inaceptables, y en ella estarán representados sólo los partidarios del oficialismo. Será un instrumento parcializado y sesgado que no resolverá, sino agravará los agudos problemas del alto costo de la vida, la escasez de alimentos y medicamentos que sufre el pueblo, y ahondará y empeorará la profunda crisis política que padecemos actualmente.

2.- Vivimos horas difíciles cargadas de incertidumbres y contradicciones, lo que en otras latitudes es expresión normal de la ciudadanía, entre nosotros se convierte en enfrentamientos de creciente intensidad y con un ventajismo desgarrador: efectivos militares y policiales, y grupos civiles armados afectos al gobierno, obran coordinadamente atropellando al pueblo que manifiesta su descontento y su rechazo a la asamblea constituyente.

3.- Una vez más alzamos nuestras voces contra la violencia, venga de donde venga. Es preciso que si se da ese proceso, que no apoyamos, se desarrolle sin violencia. La violencia no puede ser nunca la forma de solucionar los conflictos sociales que se agravan día a día en nuestra sociedad venezolana. La represión desmedida con saldo de heridos, muertos y detenidos genera mayor violencia.

4.- Queremos recordarle a la FANB, responsable en estos días con el Plan República, que su primera obligación es con el pueblo y está llamada constitucionalmente a defender la vida de todos los ciudadanos, sin distingos de ninguna clase ni parcializaciones políticas. Los hechos del día de ayer no parece que vayan en esa línea; por tanto, que en estos momentos de tensión no sea la irracionalidad y la fuerza bruta la que pretenda solucionar el reclamo de buena parte de la sociedad.

5.- El papel primario de la FANB es mantener la paz y el orden para que la racionalidad y el actuar de las partes en conflicto tienda puentes que superen el caos en el que estamos sumidos. No aumentemos más el sufrimiento y la angustia de tanta gente que quiere vivir en paz, que se escuche y respete su voz de protesta y se encuentren caminos de entendimiento y bien para todos. Como nos dice el Papa Francisco "el conflicto no puede ser ignorado o disimulado. Ha de ser asumido. Pero si quedamos atrapados en él, perdemos perspectivas, los horizontes se limitan y la realidad misma queda fragmentada" (EG 226).

7.-Desde el fondo de nuestro corazón y como expresión de fraternidad surgen dos expresiones muy humanas y cristianas: un "no matarás" física o moralmente en forma de violencia y represión que generan muertos, heridos y encarcelados; y un "cultiva la vida" en medio del pueblo por la solidaridad que comparte el pan, el medicamento, la vida en común, la verdad que enaltece, el bien que nos hace mejores, la fe que siembra esperanza.

8.- Que el Señor y la Virgen de Coromoto bendigan a Venezuela y que los venezolanos podamos resolver nuestros conflictos de manera pacífica. Amén.



Caracas, 27 de julio de 2017


miércoles, 12 de julio de 2017

MENSAJE URGENTE A LOS CATÓLICOS Y PERSONAS DE BUENA VOLUNTAD EN VENEZUELA

MENSAJE URGENTE A LOS CATÓLICOS Y 
PERSONAS DE BUENA VOLUNTAD EN VENEZUELA

1. Con nuestro afectuoso saludo, los Obispos de Venezuela nos dirigimos al pueblo venezolano. Le reiteramos nuestra cercanía en estos tiempos difíciles y duros que vivimos. De modo especial, queremos ratificar nuestro acompañamiento a quienes más sufren. Les transmitimos el saludo y la bendición del Santo Padre Francisco, quien, además de seguir de cerca los acontecimientos de nuestra nación, nos invita a buscar soluciones urgentes en paz y concordia entre todos. Nos sentimos unidos y en plena comunión con él, quien nos ha señalado: "en la voz de los obispos venezolanos también resuena mi voz".

"LOS CLAMORES DE MI PUEBLO SE OYEN POR TODO EL PAIS" (Jer. 8,13).
2. Hacemos nuestros los clamores de la gente que se siente golpeada por el hambre, la falta de garantías para la salud, la difícil adquisición de medicinas y la inseguridad en todos los sentidos. Aunque el pueblo mantiene la esperanza y la capacidad de superar las dificultades, hoy sufre mucho más. Pide le sea respetada su voluntad democrática, lo estipulado en el ordenamiento jurídico y constitucional, así como la real posibilidad de vivir en concordia, paz, libertad y con un creciente desarrollo humano integral.

3. En nuestro país se percibe de manera muy clara cómo la violencia ha adquirido un carácter estructural. Son variadas sus expresiones: desde la represión irracional, con su dolorosa cuota de muertos y heridos, los daños a viviendas y estructuras residenciales; y persecuciones, hasta la desatención frente a las necesidades básicas de la gente. La represión oficial genera, en ocasiones, respuestas violentas, lo cual contribuye a crear un clima de tensión y anarquía, con sus peligrosas consecuencias. Nos encontramos ante una terrible escalada de la violencia. La detención de numerosas personas, sobre todo jóvenes, por disentir del Gobierno agrava más la situación. Se escuchan serias denuncias acerca de torturas y de maltratos; hay detenidos que son procesados arbitrariamente ante la justicia militar en contra de la Constitución y las leyes y que han sido llevados indebidamente a cárceles de máxima seguridad (El Dorado y otros centros penitenciarios) como si fueran peligrosos delincuentes. También hay muchos detenidos en instalaciones militares y confinados en lugares insalubres y condiciones infrahumanas. Existe un menosprecio de la dignidad humana que se expresa en la violación y negación continua de los derechos humanos por parte de las autoridades.
4. Muchas de nuestras comunidades e instituciones son azotadas por grupos paramilitares ilegales que actúan bajo la mirada complaciente de las autoridades. Ejemplo de ello son los acontecimientos del pasado 5 de julio en el ataque a los diputados de la Asamblea Nacional, sólo visto en el asalto del 24 de enero de 1848 al Congreso Nacional por orden del Presidente Monagas. La Asamblea Nacional, expresión de la "soberanía popular", es heredera del Congreso de 1811. Tiene un auténtico valor histórico y real. Por eso, la Guardia Nacional Bolivariana que reside allí tiene la misión de brindar seguridad al recinto y a los diputados y no debe permitir ataques de grupos irregulares.

"CUALQUIERA QUE TOCA A MI PUEBLO, TOCA LA NIÑA DE MIS OJOS, DICE EL SEÑOR DIOS" (Zacarías 2,13).

5. Es hora de un cambio de rumbo en la orientación política del Gobierno. Aunque la crisis que padecemos los venezolanos data de varios años, en los últimos meses se ha profundizado por la iniciativa del Gobierno de convocar una Asamblea Nacional Constituyente, cuestionada y rechazada por la mayoría del pueblo venezolano. Esta propuesta ha ignorado rotundamente que es el pueblo, en el ejercicio de su propia soberanía, quien la puede y debe convocar. Los venezolanos hemos de recordar que "la soberanía reside intransferiblemente en el pueblo" (CRBV, art. 5). "El pueblo de Venezuela es el depositario del poder constituyente originario" (art 347). Sólo él puede convocar una Asamblea Nacional Constituyente.
6. La Constitución ha sido violada nuevamente, y el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) y el Consejo Nacional Electoral (CNE) avalan lo que propone el Ejecutivo, sin tener en cuenta los principios básicos de la democracia participativa establecidos en la Constitución. El mencionado proyecto constituyentista pretende imponer al país un régimen dictatorial. Además, al privilegiar, en su conformación, unas bases comiciales sectoriales sin asidero jurídico, se viola el derecho de todos a elegir y a ser elegidos y el principio constitucional (Art. 63 CRBV) de la representación proporcional de la población según su distribución territorial. Asimismo, la Asamblea Nacional Constituyente tendría un poder supraconstitucional con el propósito de eliminar los actuales órganos del Estado, principalmente la Asamblea Nacional, elegida legítimamente por el pueblo. Tampoco se establecen límites en el ejercicio de sus funciones y extensión en el tiempo. Todo deja entrever que lo que se busca es instaurar un Estado socialista, marxista y militar con la desaparición de la autonomía de los poderes, especialmente el legislativo.
7. El próximo 16 de julio, promovida por la Asamblea Nacional, tendrá lugar una consulta popular que goza de toda legitimidad. Consideramos una provocación de parte del gobierno y del CNE convocar, para ese mismo día, un simulacro de votaciones en algunos centros electorales del país, pues puede generar lamentables conflictos. El pueblo sigue exigiendo el respeto a su dignidad y a sus propios derechos.

COMO PASTORES PREOCUPADOS POR SUS OVEJAS (EZEQUIEL 34,12).

8. Como pastores de la Iglesia en Venezuela, haciéndonos eco de los clamores de la inmensa mayoría de nuestro pueblo, queremos elevar nuestra voz y exigir:

a) AL GOBIERNO NACIONAL: que retire su propuesta de una Asamblea Constituyente, y posibilite la realización de las elecciones establecidas en la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela. Es hora de que el Gobierno reconozca la autonomía de los Poderes públicos; abandone la represión inhumana de las manifestaciones de quienes disientan, y se desmantelen y sancionen los grupos armados que, con sus acciones, llenan de zozobra a amplios sectores de la sociedad. La medida acordada recientemente en favor de un importante líder político de los factores de oposición, debe llevar a la liberación de todos los privados de libertad por razones políticas. Es urgente también avocarse a solucionar los gravísimos problemas de la gente y de permitir la apertura de un canal de carácter humanitario para que puedan llegar medicinas y alimentos a los más necesitados en Venezuela.

b) A LA FUERZA ARMADA NACIONAL BOLIVARIANA: que, según lo señala la Constitución Nacional, cumpla su deber de estar al servicio de todo el pueblo en el respeto y garantía del orden constitucional y no simplemente de un régimen, partido o gobernante. "Las personas que prestan su servicio en las fuerzas armadas, tienen el deber específico de defender el bien, la verdad y la justicia...Los militares son plenamente responsables de los actos que realizan, cuando violan los derechos de las personas y de los pueblos" (COMPENDIO DE DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA, 502 y 503).. Apelamos a la conciencia de todos sus miembros: no olviden que también forman parte del pueblo y que deberán rendir cuenta de sus actos ante la Justicia humana y divina.
c) A LA DIRIGENCIA POLITICA: que, en el ejercicio de su vocación ciudadana, esté siempre comprometida sólo con el pueblo y nunca en la búsqueda de propios intereses. Urge seguir dando los pasos para hacer respetar la voluntad democrática de todo el pueblo venezolano y buscar los mecanismos transparentes para encuentros y negociaciones que conduzcan eficazmente a la superación de la crisis.
d) A LAS INSTITUCIONES EDUCATIVAS Y CULTURALES: que colaboren a crear conciencia política y así elevar el nivel sociocultural en todos los ciudadanos.
9. Fieles a nuestro ministerio de pastores nos comprometemos a seguir acompañando solidariamente a nuestro pueblo, particularmente a los más pobres y excluidos. En este sentido pedimos a todos los miembros de la Iglesia actuar según los criterios del Evangelio y de la Doctrina Social de la Iglesia, para iluminar y para derribar todo muro de división existente en nuestro país y contribuir a la recuperación de nuestra nación, rehacer el tejido social e ir dando los pasos para la reconciliación en el encuentro fraterno entre todos. Alentamos todos los esfuerzos que se puedan realizar a favor de la paz y la convivencia, basados en la ley del amor fraterno. Acompañamos a los jóvenes y estudiantes, quienes son defensores con sus propias vidas de la libertad y de la actual Constitución.
10. A todos los miembros de la Iglesia y personas de buena voluntad les invitamos a hacer realidad la opción preferencial por los más pobres y excluidos. Además de sostener con la oración, la reflexión y otras iniciativas todo esfuerzo para la salida de la crisis, les pedimos manifestar la solidaridad con quienes pasan hambre, necesidad y desconsuelo. Fortalezcamos las diversas obras y acciones que, desde la pastoral social, permiten ayudar a muchas personas necesitadas de alimento, atención en salud, protección de sus derechos, educación integral. La acción de Pastoral Social-Caritas en sus diversos ámbitos (nacional, diocesano y parroquial) es un signo de nuestro compromiso con todos, sin excepción de ninguna clase.
11. Invitamos a nuestros hermanos en la fe y a otros creyentes a una Jornada de Oración y Ayuno el próximo viernes 21 de julio, a fin de pedir a Dios que bendiga los esfuerzos de los venezolanos por la libertad, la justicia y la paz. Imploramos las luces del Espíritu Santo para cada uno de nosotros, pedimos a Dios siga protegiendo a este pueblo y que la maternal protección de María de Coromoto nos aliente a seguir edificando la paz y la convivencia fraterna.


LOS ARZOBISPOS Y OBISPOS DE VENEZUELA
CARACAS, 12 DE JULIO DEL AÑO 2017.

CIRCULAR SOBRE LA PARTICIPACIÓN DE LA IGLESIA EN LA CONSULTA POPULAR

CIRCULAR SOBRE LA PARTICIPACIÓN DE LA IGLESIA EN LA CONSULTA POPULAR

Queridos hermanos sacerdotes,
Hago mías y comparto con ustedes estás líneas de acción para orientar nuestras acciones y posturas ante la consulta popular que se llevará a cabo el próximo 16 de julio.

Como Pastor de la Iglesia Católica, después de una amplia consulta para tomar la mejor decisión en bien de la Iglesia y de nuestra patria Venezuela, habiendo escuchado, incluso a los mismos promotores de la actividad, hago saber cuanto sigue:
1.       La Iglesia apoya y alienta el acto ciudadano de la consulta, pues expresa el derecho de los ciudadanos de expresar su parecer sobre la necesidad, oportunidad y conveniencia de la Asamblea Nacional Constituyente, convocada unilateralmente por el Gobierno Nacional.
2.       La Iglesia defiende el derecho de cada ciudadano de expresar libremente su opinión en los temas de su interés. Es por ello que, como Pastores, animamos a todos los que quieran participar en esa consulta de modo que cada uno pueda expresar libremente su parecer.
3.       La Iglesia anima a participar en esta consulta, incluso que participemos los obispos y sacerdotes, de modo que cada uno pueda expresar libremente su parecer.
4.       La Iglesia no está de acuerdo con la Asamblea Nacional Constituyente por los motivos expresados en los distintos comunicados. En síntesis, no afronta y resuelve los problemas reales del país, es instrumento de exclusión pues las bases comiciales no incluyen la consulta previa de la Asamblea y no aseguran que el nuevo texto constitucional sea consultado a todos los venezolanos. Además, lo que adelanta la campaña oficial es más bien la radicalización del socialismo comunista, con mayores controles gubernamentales y exclusión de quien piensa en forma distinta.
5.       La Iglesia rechaza la fuerte e inhumana represión de cuerpos militares, policiales y paramilitares, especialmente la mirada complaciente hacia la acción de grupos colectivos, que actúan impunemente contra las manifestaciones populares, y que han causado muchos muertos y heridos especialmente entre la población joven.
6.       La Iglesia rechaza la violencia venga de donde venga, especialmente el daño de instalaciones públicas y privadas.
7.       Todo templo es una casa destinada al culto. Es casa de oración y casa de encuentro, pues es una casa abierta a todos. Con el fin de evitar que cada templo pierda su carácter sacro y evitar el riesgo de una profanación. Por ello,  NO SE PERMITIRÁ QUE LA CONSULTA SE REALICE EN LAS IGLESIAS, TEMPLOS O CAPILLAS. Estos son lugares de culto que especialmente los domingos reúnen gran cantidad de fieles, y el día 16 hay confirmaciones, primeras comuniones y fiestas patronales de la Virgen del Carmen.

8.       Si algunos centros de consulta son colocados en las plazas, calles o adyacencias de las Iglesias parroquiales, la parroquia puede ofrecer su apoyo en lo que considere oportuno, principalmente en el caso que se produzca violencia física contra la gente. No podemos abandonar al pueblo que quiere manifestar pacíficamente contra todos los atropellos que sufre y especialmente en su legítima aspiración a la libertad, y a resolver por la vía de elecciones universales (con la posibilidad de que todo el universo de electores se exprese en igualdad de condiciones) la orientación que deba asumir el país.

Todas estas decisiones se las hemos hecho saber a los organizadores de la consulta popular para el día 16 de julio, y ellos han aceptado y respetado nuestra decisión.

Pedimos a Dios y a la Virgen del Carmen que nos ayuden a resolver pacíficamente los problemas.
+ Ubaldo Santana
Arzobispo de Maracaibo

sábado, 8 de julio de 2017

Carta circular de la Congregación para el Culto Divino a los obispos sobre los requisitos de las hostias y del vino para la eucaristía.

Carta circular a los Obispos sobre el pan y el vino para la Eucaristía
1. La Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, por encargo del Santo Padre Francisco, se dirige a los Obispos diocesanos (y a quienes se les equiparan en el derecho) para recordar que les compete, sobre todo, a ellos proveer dignamente lo necesario para la celebración de la Cena del Señor (cf. Lc 22,8.13).
Compete al Obispo, primer dispensador de los misterios de Dios, moderador, promotor y custodio de la vida litúrgica en la Iglesia a él confiada (cf. CIC can. 835 §1), vigilar la calidad del pan y del vino destinados a la Eucaristía y, por tanto, a aquellos que los preparan. Con el fin de ayudar, se recuerdan las disposiciones vigentes y se sugieren algunas indicaciones prácticas.
2. Mientras que hasta ahora, por lo general, algunas comunidades religiosas se ocupaban de preparar el pan y el vino para la celebración de la Eucaristía, hoy se venden también en los supermercados, en otros negocios y a través de internet. Este Dicasterio, para no dejar dudas acerca de la validez de la materia eucarística, sugiere a los Ordinarios dar indicaciones al respecto, por ejemplo, garantizando la materia eucarística mediante certificados apropiados.
Es el Ordinario el que debe recordar a los presbíteros, en particular a los párrocos y a los rectores de las iglesias, su responsabilidad para comprobar quién es la persona encargada de proveer el pan y el vino para la celebración, así como la idoneidad de la materia. Además, corresponde al Ordinario informar y recordar a los productores del vino y del pan para la Eucaristía el respeto absoluto de las normas.
3. Las normas acerca de la materia eucarística, indicadas en el can. 924 del CIC y en los números 319 – 323 de la Institutio generalis Missalis Romani, han sido ya explicadas en la Instrucción Redemptionis Sacramentum de esta Congregación (25 de marzo de 2004):
a) “El pan que se emplea en el santo Sacrificio de la Eucaristía debe ser ázimo, de sólo trigo y hecho recientemente, para que no haya ningún peligro de que se corrompa.
Por consiguiente, no puede constituir la materia válida, para la realización del Sacrificio y del Sacramento eucarístico, el pan elaborado con otras sustancias, aunque sean cereales, ni aquel que lleva mezcla de una sustancia diversa del trigo, en tal cantidad que, según la valoración común, no se puede llamar pan de trigo.
Es un abuso grave introducir, en la fabricación del pan para la Eucaristía, otras sustancias como frutas, azúcar o miel. Es claro que las hostias deben ser preparadas por personas que no sólo se distingan por su honestidad, sino que además sean expertas en la elaboración y dispongan de los instrumentos adecuados” (n. 48).
b) “El vino que se utiliza en la celebración del santo Sacrificio eucarístico debe ser natural, del fruto de la vid, puro y sin corromper, sin mezcla de sustancias extrañas. […] Téngase diligente cuidado de que el vino destinado a la Eucaristía se conserve en perfecto estado y no se avinagre. Está totalmente prohibido utilizar un vino del que se tiene duda en cuanto a su carácter genuino o a su procedencia, pues la Iglesia exige certeza sobre las condiciones necesarias para la validez de los sacramentos.
No se debe admitir bajo ningún pretexto otras bebidas de cualquier género, que no constituyen una materia válida” (n. 50).
4. La Congregación para la Doctrina de la Fe, en la Carta circular a los Presidentes de las Conferencias Episcopales acerca del uso del pan con poca cantidad de gluten y del mosto como materia eucarística (24 de julio de 2003, Prot. N. 89/78 – 17498), ha indicado las normas respecto a las personas que, por diversos y graves motivos, no pueden tomar pan preparado normalmente o vino normalmente fermentado:
a) “Las hostias sin nada de gluten son materia inválida para la Eucaristía. Son materia válida las hostias con la mínima cantidad de gluten necesaria para obtener la panificación sin añadir sustancias extrañas ni recurrir a procedimientos que desnaturalicen el pan” (A. 1-2).
b) “Es materia válida para la Eucaristía el mosto, esto es, el zumo de uva fresco o conservado, cuya fermentación haya sido suspendida por medio de procedimientos que no alteren su naturaleza (por ejemplo el congelamiento)” (A. 3).

c) “Es competencia del Ordinario conceder a los fieles y a los sacerdotes la licencia para usar pan con una mínima cantidad de gluten o mosto como materia para la Eucaristía. La licencia puede ser concedida habitualmente, mientras dure la situación que la ha motivado” (C. 1).
5. Además, dicha Congregación ha decidido que la eucarística preparada con organismos genéticamente modificados puede ser considerada materia válida (cf. Carta al Prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos acerca de la materia eucarística preparada con organismos genéticamente modificados, 9 de diciembre de 2013, Prot. N. 89/78 – 44897).
6. Los que preparan el pan y producen el vino para la celebración deben ser conscientes que su obra está orientada al Sacrificio Eucarístico y esto pide su honestidad, responsabilidad y competencia.
7. Para que se cumplan estas normas generales, los Ordinarios, si lo estiman oportuno, pueden ponerse de acuerdo como Conferencia Episcopal, dando indicaciones concretas. Vista la complejidad de situaciones y circunstancias, así como la falta de respeto en el ámbito sagrado, se advierte la necesidad práctica que, por encargo de la Autoridad competente, haya quien garantice efectivamente la genuinidad de la materia eucarística por parte de los fabricantes como de su conveniente distribución y venta.
Se sugiere, por ejemplo, que una Conferencia Episcopal pueda encargar a una o más Congregaciones religiosas u otra Entidad capaz de verificar las garantías necesarias sobre la producción, conservación y venta del pan y del vino para la Eucaristía en un determinado país y en los países en los que se exportan. Se recomienda también que el pan y el vino destinados a la Eucaristía sean convenientemente tratados en los lugares de venta. En la sede de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, a 15 de junio de 2017, solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo.
Robert Card. Sarah Prefecto
Arthur Roche Arzobispo Secretario

sábado, 1 de julio de 2017

ORDENACIÓN PRESBITERAL DE DIEGO XULIO RUIZ FMI - HOMILÍA

ORDENACIÓN PRESBITERAL DE DIEGO XULIO RUIZ FMI

HOMILÍA

LECTURAS: Gen. 18, 1-15; Lc 1,46-47.48-49.50.55; Heb, 10, 4-10; Mat 8, 5-17

Muy queridos hermanos concelebrantes,
Muy querido diácono Diego Xulio,
Muy querida familia, amigos y amigas de Xulio presentes
Amados hermanos y hermanas en el Señor,

Aquí estamos congregados, esta mañana, en este templo que me trae tantos hermosos recuerdos de mi infancia y del despertar de mi propia vocación, casa de los Hijos de María Inmaculada en Venezuela desde hace casi 100 años,, para cantar, con la madre de Jesús, las misericordias que el Señor ha hecho en favor de las generaciones pasadas y en favor de Diego Xulio, que se apresta a recibir la ordenación sacerdotal.
Como Abraham, bajo la encina de Mambré, le toca a Xulio hoy darle hospitalidad al Señor, bajo la encina de su propia vida. “Por algo han pasado junto a este servidor”, le sale decir del corazón a Abraham, ante aquella sorprendente visita de tres misteriosos personajes, a la hora de más calor. ¡Y fue por algo grande! Ese día le trajeron la gran bendición del cumplimiento de una promesa que con el paso de los años y la llegada de la ancianidad se le había hecho irrealizable: el nacimiento de su hijo Isaac, “en quien serían bendecidas todas las generaciones” (Gen 17,4-8).
Por algo han pasado junto a este servidor” dice hoy también Xulio, hijo él también de la bendición de Abraham. ¡Y es por algo grande! Este paso del Señor, esta pascua del Señor por este momento de su vida, le trae nada menos que la gran bendición del presbiterado a través del sacramento del Orden sacerdotal. Serás sacerdote para hacer presente a Cristo cabeza y pastor de su pueblo.
Abraham derrochó una gran generosidad con sus huéspedes y les preparó una   espléndida comida: un joven ternero guisado, una torta de harina, con cuajada y leche. Este espléndido gesto de acogida, nos remite a la ofrenda que hizo Jesús, a su Padre, al entrar en este mundo y recibir de los humanos la hospitalidad de la condición humana. Su propio cuerpo, su propia vida. Así lo acabamos de oír en el texto de la carta a los Hebreos: “Tu no quieres sacrificios ni ofrendas, pero me has preparado un cuerpo; no aceptas holocaustos ni víctimas expiatorias. Entonces yo dije lo que está escrito en el libro: “Aquí estoy, o Dios, para hacer tu voluntad”.
Esta misma disposición es la que se te pide hoy, Xulio con más fuerza que nunca, al entrar en el orden sacerdotal. No has de traerle al Señor ofrendas y objetos externos a ti. Has de presentar tu propia vida, tu propio ser, para que el Señor disponga de ti y te configure definitivamente con él como un pastor-servidor.  La gracia sacerdotal, transmitida en este sacramento eclesial, te va a ir trabajando y cincelando, para que vaya apareciendo en tu vida y en tu ministerio la figura de Cristo-servidor, el gran pastor y diácono de la humanidad, quien, en una de sus presentaciones, dejó bien claro que “no vino a ser servido sino a servir y a dar su vida en rescate de muchos” (Mc 10,45).
Bien valen para este elegido las palabras que el Papa Francisco, salvando por supuesto las distancias y las situaciones, dirigió el 28 pasado de junio, a los nuevos cardenales: “Jesús no los ha llamado para que se conviertan en príncipes de la Iglesia, sino que los llama para servir como él y con él. A servir al Padre y a los hermanos (…) Siguiéndolo, ustedes caminan delante del pueblo santo de Dios, teniendo fija la mirada en la cruz y en la resurrección del Señor”.
Se trata pues de iniciar un nuevo camino en una nueva condición que cambia radicalmente toda tu existencia. En la lectura del santo evangelio, que acabamos de escuchar, encontramos dos grandes ejemplos de un buen servidor; los protagonistas son un hombre y una mujer.
El centurión se apoya en el comportamiento de sus servidores para llevar a cabo inmediatamente lo que él les ordena, para darle entender a Jesús que no es necesario que vaya hasta su casa para curar a su servidor enfermo- él se sabe además indigno de ello-; puede curarlo a distancia: “¡Una sola palabra tuya bastará para sanarlo! Porque yo, que soy un simple subalterno, digo a uno de los soldados que están bajo mis órdenes: <Ve>, él va. <Ven>, y él viene y cuando le digo a mi sirviente: <Tienes que hacer esto>, él lo hace”. Podríamos completar el pensamiento del centurión: “Si yo, un pequeño subalterno logro eso, ¡con cuánta mayor razón tú, Jesús, lograrás curarlo, que eres el Mesías, el Señor! El evangelista recogió en su relato la gran admiración de Jesús ante la fe tan grande de aquel pagano y su sirviente quedó curado en el acto.
El segundo ejemplo nos lo da una mujer, la suegra del apóstol Pedro. Cuando Jesús llegó, por la tarde a la casa de Pedro, después de todo un día dedicado a la predicación y a las curaciones, encontró allí a la suegra de éste en cama con fiebre. Bastó que la tocara para que se le pasara el mal. Ella se levantó inmediatamente y se puso a servirlo. Es decir, se puso al servicio de Jesús. Se volvió servidora.
Más adelante esta curación y esta inmediata disponibilidad para ponerse a servir al Señor y a sus acompañantes, será interpretada como la actitud fundamental de todo cristiano que es alcanzado por Jesús y queda tocado por él. Su vida se transforma. Ya su vida no queda regida por el mal y el pecado. La rige la gracia del Espíritu Santo.  Se pone de pie y decide consagrarse de una vez a Dios y entregar su vida a servir a sus hermanos. 
Esta es la actitud fundamental que esperamos ocurra hoy con Xulio: que ponga su sacerdocio ministerial al servicio del sacerdocio bautismal de sus hermanos. Debe ponerse totalmente al servicio de los laicos en la Iglesia para que estos puedan cumplir con su misión: ser hombres de la Iglesia en el corazón del mundo y hombres del mundo en el corazón de la Iglesia. En el documento de Aparecida, que está cumpliendo diez años de su celebración, se explica que “la misión propia y específica de los laicos se realiza en el mundo, de tal modo que, con su testimonio y su actividad, contribuyan a la transformación de las realidades y la creación de estructuras justas según los criterios del evangelio” (DA 210).
Haz de buscar en la misión de Jesús el modelo que has de reproducir. Así lo presenta el Padre a su hijo Jesús: “Aquí está mi servidor, a quién elegí, mi amado en quien me he complacido. Sobre él pondré mi Espíritu (...) No peleará ni gritará, no romperá la caña resquebrajada ni apagará la mecha humeante (…) En su nombre las naciones pondrán su esperanza” (Mt 12, 18-21). Ojalá tu servicio ministerial sea un signo de vida y esperanza para el pueblo venezolano que te , Dios mediante, servir como sacerdote. Que tu entrega abnegada a los pequeños y humildes sea siempre tu su mejor ofrenda, tu gran servicio.
Esta es la mística que ha de animar a todos los que quieran caminar tras las huellas del Señor. Oigamos a Jesús: “El que quiera servirme, que me siga, y dónde yo esté estará también mi servidor. Al que me sirva mi Padre lo honrará” (Jn 12, 26). “El que quiera ser importante que se haga servidor de ustedes y el que quiera ser el primero que se haga esclavo, así como el Hijo del hombre que no vino a ser servido sino a servir y a dar su vida para rescatar a todos” (Mt 20,27-28). Y el Señor alaba y declara dichoso que así vive, en permanente estado de servicio y así lo encuentra, sirviendo, activo, vigilante, a su retorno. Cumpliendo con alegría su tarea (Cf Mt 24,46). ¡Dichoso será ese servidor! ¡Dichoso serás, Xulio, si así te encuentra tu Señor!
La virtud fundamental de un servidor, para estar siempre disponible, es la obediencia. Para el padre Luis María Baudouin, esta era la virtud reina de la vida espiritual y ascética que el promovió entre los Religiosos y Religiosas del Verbo Encarnado. No se trata solamente de obedecer aquí y allá a indicaciones puntuales; se trata de alcanzar a vivir en una permanente actitud de obediencia, como María de Nazaret. O mejor dicho en una permanente actitud ofrenda. Así se lo pedimos al Padre en el Canon III: Haz de nosotros una ofrenda permanente.  Para ello, es menester dice el fundador, dejarse conducir por el Espíritu de Jesús, el Verbo Encarnado quien, como veterano piloto, lo llevará, a entregar su vida, como LMB, a través de pruebas, tribulaciones y persecuciones. Allí es cuando hemos de dejarnos encender, cual una tea, en el alma y en el cuerpo, por el Espíritu del Verbo Encarnado, “así como el fuego penetra el hierro al rojo vivo”.
Para transformarse en servidores de la causa del Reino y de los mandatos de Jesús, particularmente el del amor mutuo, los sacerdotes debemos dedicar tiempo a la lectura orante de la Palabra y hacernos oyentes atentos a su resonancia en nuestras vidas, siguiendo el camino de fe emprendido por María, desde Nazaret hasta el cenáculo, pasando por la ignominia de la cruz. Entonces la Palabra se volverá una luz que iluminará nuestro corazón, una fuerza que nos vaciará de proyectos fatuos para llevar a cabo solo aquellos que Dios quiere.
En la obediencia humilde y alegre, como María, los sacerdotes encontramos la verdadera libertad de corazón. Como ella, hemos de colocarnos totalmente al servicio del Plan de Dios para que el Verbo divino siga encarnando el amor de su Padre en este mundo y, a través de nuestras vidas sencillas, entregadas y alegres los hombres reconozcan que Dios sigue presente entre nosotros con toda la potencia de su amor redentor.
Después de dejar su bendición, los tres misteriosos visitantes de Abrhan, continuaron su camino. A ti también te toca continuar tu camino cristiano, ahora como sacerdote, pastor y servidor. Te dejo para tu ánimo e iluminación  estas palabras del padre Luis María Baudouin que le tocó iniciar un nuevo camino espiritual y apostólico en plena revolución francesa y se mostró un gran y fiel servidor:  
Para mí, mi maestro me ha enseñado el verdadero camino: andaré por este camino, caminaré por él hasta mi último suspira…Jesús, mi camino, conozco mi ruta, la sigo, la seguiré, la terminaré allí donde la terminó el Maestro, entonces ¡dejaré de ser peregrino! Allí descansaré… ¡Oh Jesús, mi camino!”
¡Dichoso serás, Xulio, si también logras vivir a plenitud, cada día, con la ayuda de María y de tu comunidad de hermanos, la gracia del sacerdocio que hoy Cristo en la Iglesia vierte sobre ti! Amén.

Caracas 1º de julio de 2017


+ Ubaldo R Santana Sequera FMI
Arzobispo de Maracaibo


ACTO DE CONSAGRACIÓN DE LA REPÚBLICA DE VENEZUELA AL SANTÍSIMO Y DIVINÍSIMO SACRAMENTO DEL ALTAR

ACTO DE CONSAGRACIÓN DE LA REPÚBLICA DE VENEZUELA AL SANTÍSIMO Y DIVINÍSIMO SACRAMENTO DEL ALTAR

Soberano Señor del Universo y Redentor del mundo, clementísimo Jesús, que por un prodigio inenarrable de tu caridad te has quedado entre nosotros en este Sacramento hasta el fin de los siglos; aquí venimos a tus pies a proclamarte solemnemente y a la faz del cielo y de la tierra, nuestro único Rey y Dominador Santísimo, a quien consagramos todos nuestros afectos y servicios, y en quien ponemos todas nuestras esperanzas. Tú eres nuestro Dios, y no tendremos otro alguno delante de Ti. En tus manos ponemos nuestra suerte, y con ella los destinos de nuestra Patria. Mucho te hemos ofendido, y como el hijo pródigo, hemos disipado en los desórdenes tu herencia. Perdónanos, que ya volvemos con espíritu contrito a tu casa y a tus brazos. Recíbenos, Salvador nuestro, y concédenos que venga a nosotros Tu Reino Eucarístico. Levanta bien alto Tu Trono en nuestra república, a fin de que en ella te veas glorificado por singular manera, y sea honra nuestra, de distinción inapreciable, el llamarnos VENEZUELA, LA REPÚBLICA DEL SANTÍSIMO SACRAMENTO.

domingo, 4 de junio de 2017

SOLEMNIDAD DE PENTECOSTES 2107 - HOMILÍA

SOLEMNIDAD DE PENTECOSTES 2107
HOMILÍA
Concédenos, Dios todopoderoso,
seguir siempre realizando en toda nuestra vida
el espíritu de estas fiestas pascuales, que hemos celebrado.
(Oración colecta del sábado de la VII semana del TP).

Padre Max Güerere y equipo de formadores del Seminario,
Padre Nedward Andrade, párroco de S. Juan de Dios/ Ntra. Sra. De Chiquinquirá
Diácono Permanente Roger Camacho
Queridos seminaristas, personas de especial consagración,
Integrantes de Grupos Ars, de la Fundación Santo Tomás de Aquino y Acemar.
Amados hermanos y hermanas,

Hoy nos recogemos bajo el manto de Santa María de Chiquinquirá, Madre de Jesús, Madre de la Iglesia, para celebrar llenos de gozo con ella, la gran fiesta de Pentecostés. Con esta fiesta, que ocurre cincuenta días después de Pascua, de allí su nombre, se cierra la gozosa celebración de la muerte y resurrección de Jesucristo, núcleo y corazón de nuestra fe. A partir de mañana iremos sembrando esta semilla pascual en el tiempo ordinario de nuestra vida de fe, esperanza y caridad.
PENTECOSTES, UNA PROMESA CUMPLIDA
En esta gran solemnidad, celebramos el cumplimiento de una de las grandes promesas que Jesús hizo a los suyos, antes de que su Padre lo glorificara en la Resurrección, después de su doloroso viacrucis: el don del Espíritu Santo.
En el Antiguo Testamento, el Señor derramó su Espíritu sobre sus elegidos y elegidas para llevar a cabo su plan de salvación, en distintas etapas de la historia: sobre Moisés, sobre el Rey David, sobre los profetas, los sabios y salmistas. Dios quiso que Moisés lo compartiera; “Apartaré una parte del espíritu que posees, le dijo a Moisés, y se lo pasaré a ellos para que se repartan contigo la carga del pueblo y no la tengas que llevar tu solo” (Jc 11,16-30; Cf. Ex 18,13-26). Quiso que el rey David lo compartiera con su hijo y sucesor Salomón (Cf 1 Sam 16,13). Que Elías lo compartiera con Eliseo, discípulo y sucesor suyo (Cf 2 Re 2, 9-14).
 Pero el deseo profundo del Señor era que ese don lo compartieran todos los miembros del pueblo elegido: “Ojalá todo el pueblo del Señor fuera profeta y recibiera el espíritu del Señor” (Ibid v 20). El profeta Joel será el portador de esta profecía, que se cumplirá al final de los tiempos: “Sucederá al final de los tiempos, que derramaré mi Espíritu sobre todos los vivientes. Entonces los hijos y las hijas de ustedes profetizarán, sus jóvenes verán visiones y sus ancianos tendrán sueños. En ese tiempo derramaré mi Espíritu sobre mis servidores y servidoras y ellos profetizarán” (Joel 3,1-5; Cf Hech 2, 16-21).
Esta profecía se hace realidad y empieza a cumplirse con el nacimiento de Jesús. Será concebido por la Virgen María, por obra del Espíritu Santo Cf Mt 1,18; Lc 1,35). Y todo su ministerio lo desarrollará bajo el impulso de este Espíritu. Él lo sentirá, dentro de sí, como un fuego que quiere encender no solo en sus discípulos para que sean “luz del mundo” sino en toda la tierra, para cumplir el deseo de su Padre (Lc 3,16. 12,49).  Cuando Pedro, empujado él también por el Espíritu, entró por primera vez en casa de Cornelio, oficial romano, y lo bautizó a toda su familia, presentará a Jesús en estos términos: “Dios, , ungió con el Espíritu Santo y poder a Jesús de Nazaret que pasó haciendo el bien y sanando a todos los que estaban oprimidos por el diablo porque Dios estaba con él” (Hech 10,38).
Antes de su Pascua, en varias oportunidades Jesús anuncia a los suyos que ya está cerca el cumplimiento de esta promesa. En la sobremesa de la última Cena les revela: “Les conviene que yo me vaya porque si no me voy, el Consolador no vendrá a ustedes. Pero si me voy lo enviaré. Cuando venga el Espíritu de la Verdad que procede del Padre y que él enviará en mi nombre, él dará testimonio de mí”. Y antes de su Ascensión a la derecha de su Padre, fiesta que celebramos el domingo pasado, el Señor reitera su promesa: “Yo enviaré sobre ustedes lo que mi Padre les ha prometido” (Lc 24,48). “Esperen que se cumpla la promesa del Padre de la que me oyeron hablar…Dentro de pocos días serán bautizados con el Espíritu Santo” (…)El Espíritu Santo vendrá sobre ustedes y recibirán su fuerza” (Hech 1, 4.8). Para esperarlo, los Once regresaron a Jerusalén, se congregaron en torno a María y 120 discípulos más y se pusieron en oración (Ibid v. 14).
PENTECOSTES: UN ACONTECIMIENTO DEL FINAL DE LOS TIEMPOS.
Así estaban todos reunidos cuando irrumpió el Espíritu con toda fuerza, bajo la forma de un viento impetuoso que abrió las ventanas del Cenáculo y de unas llamaradas de fuego se posaron sobre todos los orantes. “Todos quedaron llenos del Espíritu Santo y comenzaron a hablar en diferentes idiomas, según el Espíritu les permitía expresarse”. Así ocurrió efectivamente porque, acota el texto, que al oír el ruido una multitud de tres mil personas se congregó en ese lugar, gente de toda raza, lengua, pueblo y nación que habían venido a Jerusalén para la fiesta judía de la Pascua y “todos quedaron asombrados, porque cada uno les oía hablar en su propio idioma”. Gracias al Espíritu, las lenguas dejan de ser obstáculos y confusión para la unidad de la raza humana, como lo fue en Babel y se transforman en nuevas rutas para el encuentro de las culturas y conformación de una sola humanidad (Cf Is 2, 1-5).
Con la irrupción del Espíritu Santo se inicia el camino histórico de la Iglesia, nuevo pueblo de Dios conformado por hombres y mujeres, niños y jóvenes, adultos y ancianos de toda lengua, cultura y nacionalidad, puesto en este mundo para proclamar las maravillas de Dios que lo sacó de las tinieblas para trasladarlo a su luz admirable.  Con ella se inicia la última etapa del Plan de salvación, escondido en el corazón del Padre desde toda eternidad, hecho manifestado en la persona de Cristo, difundido y comunicado ahora por el Espíritu.  Él es el protagonista principal de esta última etapa de la historia de salvación, antes del regreso triunfal de Jesús, en la parusía, como Rey de reyes y Señor de señores. Nos encontramos pues en los últimos tiempos. Lo que falta es la consumación final de todo, cuando Cristo Jesús vuelva en su gloria para poner a los pies del trono de su Padre toda la humanidad.
SIEMPRE ES PENTECOSTES

Pentecostés no fue un elemento aislado. Es un acontecimiento permanente, actual. No hubo un solo Pentecostés. El libro de los Hechos narra varias efusiones del Espíritu Santo sobre familias y comunidades.  Siempre que se derrama el Espíritu sobre bautizados que pertenecen a una comunidad es Pentecostés. Cuando unos bautizados reciben el sacramento de la Confirmación y se incorporan militantemente a su Iglesia, es Pentecostés. Cuando bautizados fundan hogares en el matrimonio sacramental o se entregan a Dios en la vida consagrada, el presbiterado o el diaconado, es Pentecostés. 

Él es la fuerza creadora fundamental de la Iglesia para que se constituya en el nuevo pueblo de Dios, sacramento universal de salvación, cuerpo de Cristo y Templo del Espíritu. Él es el que reparte dones, funciones y carismas a los miembros del pueblo de Dios y desde esa rica diversidad ministerial, construye y mantiene viva la unidad entre todos (Cf Segunda lectura de la misa). Con su presencia y su energía la Iglesia anuncia la fe cristiana, siembra la esperanza en este mundo, une a los hombres entre sí y entre sí con Dios con la praxis constante del amor servicial y misericordioso, sale, samaritanamente por los caminos a curar y levantar heridos, y envía sus mensajeros y pregoneros del Evangelio por el mundo entero.

Sin el Espíritu, la Iglesia no se podría purificar, renovar; le faltaría la energía interior para abandonar sus zonas de comodidad y dejarse empujar, por nuevos caminos, hacia gente lejana y de otras culturas, Sin el Espíritu no hay Pentecostés posible. “Sin tu inspiración divinal nada podemos los hombres y el pecado nos domina”, cantamos en la secuencia de hoy y lo recitamos en el salmo responsorial: “Si retiras tu aliento, toda creatura muere y vuelve al polvo. Pero envías tu Espíritu que da vida y se renueva la faz de la tierra” (Sal 103,29-30).
Es curioso que digamos que el Espíritu Santo es el gran desconocido entre los fieles de la Iglesia, cuando en realidad es el omnipresente sin el cual nada puede ocurrir. Si no nos dejamos conducir por el Espíritu de Jesús no seremos de Jesús, no tendremos dentro de nosotros su mentalidad, no viviremos ni nos comportaremos como él, no podremos renunciar a nosotros mismos y llevar nuestra cruz, no resucitaremos con él (Cf Rm 8,11). Sin esta luz santificadora en el fondo del alma, no podremos llegar a ser hijos de Dios (Ga 4,6; Rm 8,14-16), no nos saldrá de adentro llamar a Dios ¡Abba, Padre! No tendrá sabor especial para nosotros el Padrenuestro.
Sin su lumbre no alcanzaremos nuestra verdadera estatura adulta, ser hombres y mujeres verdaderamente libres, no sabremos orar como conviene (Rm 8,26) ni discernir qué quiere Dios de nosotros para cumplir con alegría su voluntad. Si el Espíritu no infunde su amor en nuestros corazones, no lograremos amar a nadie con el ímpetu del amor de Cristo (Rm 5,8). Y sin ese amor de Cristo dentro de todas sus relaciones, instituciones y producciones culturales, la humanidad sencillamente permanecerá inacabada, por más evoluciones y revoluciones que produzca el ingenio humano. Así se lo hacía entender el gran científico Einstein a su hija en una carta al final de su vida.
PENTECOSTES, UN TORRENTE DE AGUA VIVA
Por eso, para que la Iglesia pueda cumplir su misión de anunciar el Evangelio, organizar al pueblo de Dios en comunidades de fe, santidad y amor, necesita contar con discípulos misioneros que sean audaces evangelizadores con espíritu como los llama el Papa Francisco en su magnífica Exhortación programática “La Alegría del Evangelio”.
Cuando Jesús prometió el don de su Espíritu a sus apóstoles antes de su Pasión, les explicó que lo necesitaban, como Consolador, para estar y permanecer siempre con ellos (Jn 14,16-17); como Maestro para “ enseñarles y recordarles todo lo dicho por el él” (14, 26); como Inspirador para  tener audacia para dar valiente testimonio de él “en Jerusalén, Judea, Samaria y hasta los confines del mundo” ( Jn 15,26-27; Hech 1,8); como Gran Exorcista para detectar la presencia del demonio bajo todas sus engañosas apariencias, desenmascararlas, denunciarlas y expulsarlo; como Liberador para  “ llevar a los hombres a la verdad completa” de la plena comunión con Dios (Jn 16, 8-13).  
El Espíritu es el único don que Dios quiere otorgarnos sin medida. Podemos pedir todo lo que queramos. “Si ustedes que son malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, ¡cuánto más el Padre del cielo dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan! (Lc 11,13). Jesús proclama que ese Don vendrá hecho torrente de agua viva brotando de lo hondo de todo creyente (Jn 7, 37-38) y se desparramará, hecho caridad viva, por los cauces de la vida, sanando a su paso toda clase de dolencias y transformando las relaciones de pecado en relaciones filiales, fraternas y generadoras de bien común (Cf Ez 36,24-38). 47, 1-17).
Este torrente empezó a brotar cuando Cristo, habiendo cumplido todo lo que su Padre le había mandado, inclinó la cabeza y entregó su Espíritu” (Jn 19,30). Brotó incontenible, hecho sangre y agua, de su costado abierto, (Ibid v. 34). Este torrente de amor salvador es la dote rica y sobreabundante que el Padre entrega en las nupcias de su Hijo con la humanidad redimida y reunificada tras la dispersión de Babel Cf Gen 11, 1-9) y que está simbolizada en los 600 litros de agua convertidos en vino añejo, por petición de su Madre, de Cana. Dios ha decidido desposarse para siempre en fidelidad y amor con esta humanidad pecadora e infiel: “Me casaré contigo para siempre, me casaré contigo en justicia y derecho, en afecto y cariño. Me casaré contigo y conocerás al Señor” (Os 2, 21-22).  
¡Nuestra tierra y sus habitantes no deben desesperar pues tiene un esposo que ha sellado su alianza con su propia sangre y nunca nos fallará! (Is 62,4).  El Espíritu nos revela la verdad completa todos los días: en Cristo, su Hijo, ¡Dios ama a su Iglesia, con amor eterno (Is 54,1-10) y la lleva, como un tatuaje grabado en su mano! (Cf Is 49,16). Por eso, no temamos en pedirle: “¡Grábame como un sello en tu brazo, grábame como un sello en tu corazón! “(Cant. 8,6)
SEMINARIO, SEMILLERO DE DISCIPULOS MISIONEROS. EVANGELIZADORES CON ESPIRITU
La Iglesia escogió esta fiesta para celebrar el día del Seminario. Porque de aquí es de donde han de salir los discípulos misioneros y evangelizadores con Espíritu como los llama el Papa Francisco para regar por donde sean enviados el Evangelio como un fuego de amor que todo lo sane, lo transforme y lo lleve a Dios. En el Seminario, dice el Papa, se trata de custodiar y cultivar las vocaciones para que den frutos maduros. Ellos son “un diamante en bruto”, que hay que trabajar con cuidado, paciencia y respeto a la conciencia de las personas, para que brillen en medio del pueblo de Dios.
El Seminario es un asunto que involucra a toda nuestra Iglesia. Los candidatos al sacerdocio deben de surgir de familias cristianas y comunidades maduras. Una comunidad eucarística alcanza su verdadera mayoría de edad cuando se vuelve fecunda y engendra los servidores que se necesitan para evangelizar y celebrar la eucaristía. En Maracaibo hay 74 parroquias y cuasi-parroquias distribuidas en ocho zonas pastorales, Pero solo hay cuatro candidatos en el Curso propedéutico y ocho en el Seminario Mayor. Cada parroquia o por lo menos cada zona pastoral debiera enviar al seminario un candidato cada año. Es decir que debieran ingresar cada año por lo menos ocho candidatos, bien seleccionados, al Propedéutico. Eso significa que nuestras comunidades parroquiales no han caído en la cuenta de la importancia vital de la predicación de la Palabra, de la celebración de la eucaristía, de la vida comunitaria y del servicio misionero. No han llegado aún a su mayoría de edad y por eso son estériles.
Son pocas las parroquias que tienen un grupo Ars que ore por las vocaciones y por el Seminario diariamente ante el Santísimo. Son pocas las familias que le piden a Dios que escoja uno de sus hijos para el sacerdocio. Son pocas las parroquias y comunidades que sostienen al seminario. El Seminario, a pesar de que tiene más de 200 años de existencia, sigue siendo un gran desconocido que goza de poco aprecio, apoyo espiritual y material para realizar su misión. Y es que además tenemos una gran responsabilidad con las Iglesias en Venezuela y con la propagación del evangelio en el mundo. Su visión y misión no está suficientemente descrita en nuestro Plan Global.
Invoquemos, hermanos y hermanas, en esta eucaristía al Espíritu Santo para que infunda en el equipo formador, en el claustro profesoral, en todo el personal del seminario y sobre todo en los seminaristas actuales y futuros la fuerza profética necesaria para renovarse aplicando las enseñanzas del Magisterio pontificio, en concreto del Papa Francisco, así como los lineamientos y orientaciones publicadas recientemente por de la Santa Sede.
Necesitamos urgentemente suficientes hombres de Dios llamados al ministerio ordenado (episcopado, presbiterado, diaconados) que anuncien con su vida ejemplar, llena de fuerza interior y de celo apostólico el Evangelio del Reino de la Vida, del Amor, de la Libertad y de la Paz, en este país tan convulsionado y dividido, que busca a tientas y por caminos errados, la convivencia fraterna y el entendimiento entre todos.
La Iglesia en Maracaibo necesita imperiosamente en todos los que participan en la formación de los futuros servidores y evangelizadores de la Iglesia, dos grandes convicciones: Por una parte, la necesidad de contar con hombres de vida interior.  “Sin momentos detenidos de adoración, de encuentro orante con la Palabra, de diálogo sincero con el Señor, las tareas fácilmente se vacían de sentido, nos debilitamos por el cansancio y las dificultades, y el fervor se apaga” (EG 262). Y por otro lado con ministros que vivan a fondo las exigencias de la caridad con la lógica de la Encarnación” (ibídem).
Hermanos y hermanas, oremos para que candidatos que vienen a nuestro seminario, de esta arquidiócesis y de todas las diócesis que aquí los envían, sean cristianos adultos y maduros abrasados por el fuego del Espíritu, que cultiven el amor que han recibido de Jesús y estén dispuestos a abandonar toda comodidad y vida fácil para lanzarnos con generosidad en la aventura del Reino de Dios. Que busquen lo que Cristo busca, amen a los que él ama, desarrollen el gusto espiritual de ser parte del pueblo. Que no renieguen de sus orígenes humildes, ni busquen ningún tipo de escalada social o posición prestigiosa. Que la pasión de Jesús, que era la pasión por la voluntad de su Padre y por su pueblo, sea también la de ellos y se dejen conducir dócilmente por el Espíritu dentro del corazón del Padre y de ese pueblo, para servirlo con alegría, en comunión con sus pastores y hermanos, todos los días de su vida.
Con Santa María que reunió a los apóstoles y discípulos de Jesús en el Cenáculo para pedir el don del Espíritu, reúna también en una sola familia al Seminario Santo Tomás, al Curso Introductorio del Seminario Menor San Juan Pablo II, los Centros vocacionales de cada vicaría episcopal y la pastoral vocacional para que trabajen todos en una misma dirección.
Ven, Dios Espíritu Santo y envíanos desde el cielo un rayo de tu luz
Concede a aquellos que ponen en ti su fe y su confianza, tus siete sagrados dones
Danos virtudes y méritos, danos una buena muerte y contigo el gozo eterno.” Amén

Basílica de Ntra. Sra. de Chiquinquirá, Maracaibo, 4 de junio de 2017

+Ubaldo R Santana Sequera FMI

Arzobispo de Maracaibo