domingo, 19 de noviembre de 2017

HOMILIA DOMINGO XXXIII ORDINARIO CICLO A 2017 RESPONSABILIDAD E IRRESPONSABILIDAD DEL DISCIPULO DE JESUS

DOMINGO XXXIII ORDINARIO CICLO A 2017
HOMILIA
RESPONSABILIDAD E IRRESPONSABILIDAD
DEL DISCIPULO DE JESUS

Este evangelio forma parte del quinto y último bloque de discursos en los cuales el evangelista Mateo ha distribuido y ordenado la enseñanza de Jesús Maestro y se sitúa entre la parábola de las diez vírgenes y la del Juicio Final que leeremos el domingo que viene. Las tres tienen que ver con actitudes fundamentales de los discípulos de Jesucristo ante el advenimiento definitivo del Reino de Dios. La parábola de las 10 vírgenes insiste en la necesidad de estar siempre dispuestos ante la llegada inesperada del Reino de Dios. La parábola de hoy, conocida como parábola de los talentos, se refiere al uso responsable y servicial de los dones recibidos para contribuir al crecimiento del Reino de Dios en este mundo.  La parábola del juicio final finalmente pone de manifiesto la importancia decisiva de la atención y servicio a los pequeños y humildes como contraseña para poder tener acceso al gozo del Reino.
La parábola de los talentos trata de dos temas de gran importancia y actualidad:  el primero, los dones que cada persona recibe de Dios y el modo en que los recibe y en segundo lugar el diverso comportamiento de esas personas en el uso de esos dones, de acuerdo a la idea que se hagan de Dios. Con la imagen de los talentos, moneda de grandísimo valor en tiempo de Jesús, se quiere dar a entender que toda persona ha recibido dones y cualidades en abundancia para glorificar a Dios y servir a su prójimo. La forma de comportarse de los tres servidores en el uso de esos dones varía según la conciencia que tienen de haberlos recibido gratuitamente de Dios, de la obligación de comportarse como administradores y no como dueños y por consiguiente de ponerlos al servicio de sus hermanos. Veamos desde esta óptica el desarrollo del relato.
Un hombre poseedor de muchos bienes, antes de salir de viaje, los distribuye entre tres servidores suyos: a uno le da cinco talentos, a otros dos y al tercero uno; a cada uno según sus capacidades. Eso quiere decir que a cada uno le da lo que son capaces de gestionar. El tamaño de sus tasas es distinto, pero a los tres se las llena. ¡Un talento corresponde a 34 kilos de oro! Prosigue el relato narrando dos tipos de comportamiento de estos servidores: los dos primeros hacen producir inmediatamente el patrimonio recibido; en cambio el tercero decide enterrarlo.
El dueño se marcha lejos por un tiempo indeterminado y de repente regresa y pide rendición de cuentas. Los dos primeros tienen la misma postura: nos entregaste cinco o dos talentos, hemos duplicado el patrimonio. Aquí tienes en vez de cinco diez y en vez de dos cuatro. La respuesta del dueño de la hacienda es también idéntica: “Muy bien, servidor bueno y fiel, ya que fuiste fiel en lo poco te pondré a frente de mucho más; entra a participar de la alegría de tu señor”. La capacidad de estos dos primeros servidores estuvo a la altura del patrimonio que se les entregó y eso los hacía merecedores de mayor confianza. Pero lo maravilloso de la historia es que el amo no se contenta con confiarles mayores responsabilidades, sino que los invita a participar de su casa, de su alegría, de la intimidad de su vida.
Se presenta el tercer servidor. Tiene una visión muy negativa de su señor. Esta imagen lo bloquea, le causa miedo y decide enterrar el talento hasta el momento de la rendición de cuentas.  Cuando el dueño lo llama se presenta con el mismo talento que había recibido y se lo devuelve. No produjo nada. Se mostró flojo, desconfiado e improductivo. La negativa imagen que tenía de su dueño representa la falsa imagen de Dios que tenían no pocos dirigentes religiosos del tiempo de Jesús. Jesús la critica fuertemente en la frase que el dueño le dirige al servidor: “servidor malo y perezoso”.  No se comportó como servidor fiel, sino que quiso actuar por su cuenta.
La parábola no dice que el dueño les pidió a los servidores que pusieran a producir los talentos recibidos. Está claro que Jesús, con la imagen de los talentos, se está refiriendo a los dones, cualidades y capacidades que los hombres han recibido de Dios para servirse de ellos para mejorar el mundo y las condiciones de vida de la humanidad. Los avances de la ciencia y de la tecnología, los nuevos conocimientos, los progresos en todos los campos de la medicina, de la biología, de la astrofísica, de la producción alimenticia deben servir para que todos puedan llegar a vivir humanamente, en sociedades convivenciales, donde se tomen particularmente en cuenta los más pobres y desasistidos.
Los bienes de esta creación, de la ciencia y de la tecnología de la información no pueden servir para que solo unos pocos se hagan ricos y vivan cómodos. No somos dueños de los bienes de la creación. Utilizarlos para una minoría acomodada e individualista es como si los dejaran enterrados. Nadie tiene derecho a reservárselos ni menos a dejarlos allí enterrados mientras millones de seres humanos yacen en la miseria, el hambre, la ignorancia en calles, barrios y campos improductivos o cercados. De esto es precisamente es que el Papa Francisco quiere que tomemos conciencia colocando en este domingo 33 ordinario del año la celebración de la Jornada Mundial de los Pobres.
El amo de la parábola confió en sus tres servidores. Les correspondía comportarse con esos bienes confiados no como dueños sino como simples administradores. Manejar los bienes de la creación, de una nación como si fueran nuestros, es la raíz de la inequidad, de los populismos que traen consigo la descomposición social, las guerras, los cataclismos, la miseria, la hambruna y toda clase de reacciones violentas y radicales. Si queremos erradicar la violencia y la guerra tenemos que poner a producir los bienes de la humanidad para que alcancen para todos. El cristianismo, el discipulado de Jesús no son bonitas palabras, discursos rimbombantes, son acciones que transformen la vida, respondan a las necesidades, programas que erradiquen enfermedades, endemias, epidemias y enfermedades mortales. Son proyectos que hagan avanzar la libertad, la igualdad y sobre todo la fraternidad y la convivencia entre todos sin exclusión de ninguna forma.
Hoy deben resonar con más fuerza en nuestro corazón y en el santuario de nuestra conciencia estas claras palabras del apóstol Juan:” Si uno vive en la abundancia y ve a su hermano padecer necesidad, y no se compadece de él, ¿cómo permanecerá en él el amor de Dios? Hijos, no amemos solo de palabra ni de boca, sino con hechos y según la verdad” (1Jn 4,16-18; Cf Sant. 2,15).
Si el tercer servidor hubiera amado, si hubiera conocido a Dios como una persona amorosa y buena, no l hubiera tenido miedo, no hubiera enterrado su talento, sino que lo hubiera puesto a producir para que otros tuviesen vida y la tuviesen en abundancia. Hubiera desterrado el temor “porque el amor excluye todo temor, porque el temor mira al castigo” (1 Jn 4, 20). El miedo es enemigo del crecimiento del Reino de Dios y de toda felicidad. Tenemos en nuestras manos los dones que Dios nos ha regalado para que los hagamos fructificar. Esconderlos por miedo a arriesgar o a equivocarnos es un acto de grave irresponsabilidad. Esta parábola nos invita a una fidelidad creativa, responsable y arriesgada.
¡Qué alegría saber que hay gente con inmensa capacidad de servicio! Que ejerce con generosidad y entrega su responsabilidad social, y no solamente entrega sus bienes, sino que pone su tiempo y sus talentos al servicio de la defensa de la dignidad humana de los pobres, de los indigentes, de los enfermos terminales, de los abuelos, de los niños discapacitados, de las mujeres abusadas sexualmente, maltratadas y violentadas. El Señor se alegra de estos diligentes servidores. Que haya muchos de ellos al frente de nuestro país, de los organismos internacionales, de las empresas y de las universidades y de los centros de la ciencia y de la tecnología.
Estemos todos atentos y examinémonos a la luz de esta parábola porque existe el peligro real de no poner lo que somos y tenemos al servicio del bien y escudar nuestro egoísmo y comodidad criminal usando imágenes falsas y deterministas de Dios. Nos exponemos a la hora de la rendición de cuentas a oír esta tremenda sentencia: “Servidor malo y perezoso. Quítenle el talento; entréguenselo al que tiene diez. Y a este servidor inútil, arrójenlo fuera, a las tinieblas, allí habrá llanto y desesperación”.
¿Queremos oír más bien, a la hora de la rendición de cuentas, de la boca de nuestro Señor la misma frase que oyeron los dos primeros? “Muy bien siervos fieles y buenos, han sido fieles en lo poco, te voy a confiar mucho más, entra a gozar de la alegría de tu Señor”. Entonces pongámonos a la altura de los dones recibidos, usémoslos con responsabilidad, pongámoslos a producir activamente sin perder tiempo para que den fruto, no cualquier fruto sino los que piden las circunstancias y la realidad en la que vivo y la fidelidad al evangelio y al Señor que me los ha confiado. 
Maracaibo 19 de noviembre de 2017

+Ubaldo R Santana Sequera FMI
Arzobispo de Maracaibo

sábado, 18 de noviembre de 2017

Homilía en la Solemnidad de Nuestra Señora de Chiquinquirá, Maracaibo, 18 de noviembre de 2017

¡DIOS TE SALVE, REINA, MADRE DE MISERICORDIA!
Homilía en la Solemnidad de Nuestra Señora de Chiquinquirá,
Maracaibo, 18 de noviembre de 2017
+Jorge L. Urosa  Cardenal Arzobispo de Caracas

¡Dios te salve, Reina,  Madre de Misericordia!
Con esas palabras queridos hermanos, iniciamos la bellísima plegaria a María Santísima de Chiquinquirá que todos los católicos conocemos  como la Salve. En ellas  destacamos   su reinado por  la grandeza de su amor de su viva caridad, y su inmensa misericordia maternal, manifestada  a su Hijo Jesucristo, y a cada uno de nosotros.

LA FIESTA FILIAL
Hoy, en esta solemnísima y festiva celebración, que expresa la ardiente fe cristiana del pueblo zuliano, festejamos la inmensa caridad, el amor maternal de María Santísima, que es precisamente lo que motiva la inmensa devoción del pueblo venezolano a la madre de Dios, y la extraordinaria devoción de los zulianos a ella en la advocación de la Chiquinquirá.
Agradezco de corazón a S.E. mi querido hermano y amigo de más de 50 años, Mons. Ubaldo Sanana, la gentil invitación a presidir y acompañar esta comunidad de fieles que jubilosos nos hemos congregado para  dar gracias a Dios por Jesucristo nuestro Divino Redentor, Rey de reyes y Señor de los Señores, y por su madre amorosa, la reina de los zulianos, y madre de misericordia, María santísima de Chiquinquirá.  He podido venir precisamente en esta festiva ocasión, cuando Mons. Santana ha decidido, en el 75 aniversario de la coronación de la reliquia de la Chinita, declarar a la Basílica Santuario Mariano  del Zulia. Felicitaciones por esa acertada iniciativa, que querido Mons. Santana!  Felicitaciones a todos Ustedes, queridos hermanos, por su fe católica y por su amor y devoción a María de Chiquinquirá, nuestra querida Chinita. Y esa devoción, por supuesto, debe llevarnos a todos nosotros a ser cada vez mejores. A vivir a fondo la fe cristiana, a practicar  los diez Mandamientos de la Ley de Dios, a vivir a cabalidad como católicos en nuestra familia, dejando a un lado el desorden,  el pecado, en particular el libertinaje afectivo sexual, qué tanto daño hace al pueblo venezolano, sobre todo  a la mujer y a los  niños.  Que esta celebración renueve y fortalezca nuestra devoción a la Chinita, y que se robustezca y intensifique nuestra vida cristiana con el cumplimiento  de los Diez Mandamientos de la Ley de Dios.

REINA DE LA CARIDAD
Cuando estaba preparando esta Homilía, mi querido hermano Ubaldo me indicó que el tema de las fiestas de la Chinita  en este año es la caridad de María. También algo muy acertado, pues la caridad es la reina, la más importante de las virtudes, y María Santísima se destacó por vivir esa gran virtud. Acabamos de escuchar el hermoso relato que nos hace San Lucas de la visitación de María  a su prima Santa Isabel. Ella, que ya estaba embarazada por obra y gracia del espíritu Santo, sabiendo que su prima Santa Isabel por su avanzada edad  tenía un difícil embarazo,  se dirigió presurosa a acompañarla y prestarle su apoyo en esas semanas difíciles. De esa manera ella nos dio ejemplo de caridad viva con los necesitados. Ese acto de caridad viva de María fue la ocasión para que Isabel, movida por el Espíritu Santo reconociera en ella la madre del Mesías. Y  alabara su fe: “Dichosa tu que has creído, porque lo que te ha dicho el Seño, se cumplirá” (Lc 1, 45).  Y me llena de alegría,  queridos hermanos, señalar que esa felicidad de María la compartimos también nosotros los cristianos, pues como ella  hemos sido bendecidos con el don de la fe: “El que me sigue no camina en tinieblas, sino tendrá la luz de la vida” (Jn 8,12). Queridos hermanos: Les pido que en este momento le demos todos gracias a Dios por el don de la fe, que nos conduce a la felicidad: Dichosa tu que has creído. Digamos todos: ¡Gracias, Señor, Gracias!
Pero la caridad de María se manifestó también  en las Bodas de Caná, cuando comenzó a faltar vino en la fiesta y ella movió a su Divino Hijo, Nuestro Señor Jesucristo a proporcionar milagrosamente el vino necesario para la celebración. Allí ella nos da otra enseñanza, al decir a los mesoneros: refiriéndose a Nuestro Señor: “Hagan lo que El les diga” (Jn 2, 5).  También nos lo está diciendo a nosotros hoy, mis queridos hermanos: Hagamos lo que nos diga Jesucristo, cumplamos su Palabra, que es palabra de vida eterna.
María es sin duda, reina, ejemplo vivo de  caridad. Lo cual es para nosotros un ejemplo y una motivación. Es importante recordar que la auténtica, la verdadera devoción a María santísima no consiste en ir a una fiesta ocasionalmente, sino en imitarla en el cumplimiento de la voluntad de Dios, en el seguimiento de Jesucristo, Nuestro Divino Salvador.  También nosotros, queridos hermanos, como María Madre de Dios y madre nuestra,  estamos llamados a amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos, más aún, como Cristo mismo nos amó. Y esto significa que hemos de comprometernos a ayudar al necesitado, al desposeído, al que sufre y llora, al que se encuentra triste y abandonado, al pobre y al menesteroso. Y a sacar de nuestros corazones sentimientos de odio y de rencor  contra cualquier persona.

JORNADA MUNDIAL DE LOS POBRES
Mis queridos hermanos: en esta festiva ocasión, cuando recordamos la viva y ardiente caridad de nuestra madre celestial,   es una feliz coincidencia que mañana, por decisión del Papa Francisco, la Iglesia en el mundo entero celebrará por vez primera la JORNADA MUNDIAL DE LOS POBRES. Con ella ha querido el Papa destacar el compromiso de cada uno de nosotros los fieles cristianos católicos de ayudar a nuestros hermanos pobres, que son la gran mayoría de la humanidad. En su mensaje para esta ocasión, el Papa ha querido destacar la necesidad de que amemos de verdad, con las obras, no de palabra solamente ( Cfr. I Jn 3, 18). ¡Que vayamos al encuentro de los necesitados! Y esto es muy necesario siempre, pero más aún en estos tempos difíciles que vivimos en Venezuela, cuando la inflación es cada vez más alta y por esa razón somos  todos cada vez más pobres, cuando faltan los alimentos y las medicinas, cuando no hay repuestos y los que hay tienen precios altísimos. Pues bien: es preciso que  todos seamos solidarios con nuestros hermanos, y especialmente con aquellos más golpeados por estas carencias: los desempleados, los niños los ancianos, la gente en situación de calle e indigentes, los que comen de la basura, los que no tienen cómo alimentar a sus hijos, por lo cual hay cada vez más niños desnutridos en nuestro país.
Esta Jornada mundial de los pobres es un llamado a que todos y cada uno de nosotros, a ejemplo de María, Madre de Misericordia, seamos generosos, amables, solidarios, más aún, misericordiosos, con los pobres, con los necesitados, con los afligidos, con los que necesitan que seamos amables y buenos con ellos.  Esta Jornada Mundial de los Pobres nos debe llevar a tomar conciencia de la necesidad de trabajar orquestadamente, como comunidad eclesial, como sociedad civil, como grupos organizados, y  como funcionarios de gobierno, quienes  lo sean, para erradicar el flagelo de la miseria, de la pobreza extrema, y para propiciar las condiciones para que todos los venezolanos salgan de la pobreza.
En 1979 los Obispos latinoamericanos   y del Caribe hicieron  en Puebla, México,  la opción preferencial, no exclusiva ni excluyente, por los pobres. Y esto es importante que lo recordemos los católicos, especialmente los religiosos y ministros del altar. Y que actuemos en consecuencia, acogiendo a los pobres, trabajando con ellos, acompañándolos en sus barriadas, compartiendo sus sufrimientos, y apoyándolos en la defensa de sus derechos. Esto es un deber que no podemos soslayar.

CONCLUSION
¡Dios te salve reina y madre de misericordia!  En esta celebración  proclamemos de nuevo nuestra fe en Cristo, Rey de reyes y Señor de los señores, Hijo de Dios hecho   hombre, Dios como el Padre y el Espíritu Santo. Y proclamemos nuestra viva  fe en la grandeza de María, madre de Dios y  madre nuestra,  a la cual imploramos confiadamente como  reina y madre de misericordia.
Que esta santa Eucaristía  fortalezca nuestra fe, pero sobre todo nuestro compromiso, nuestra voluntad de seguir a Cristo e imitar a María en el cumplimiento de la Palabra de Dios, de la voluntad de Dios.
Que nos acojamos a su misericordia, para poder seguir siempre a Jesús. Que la imitemos en su fe y amor a Dios, y en la práctica de la misericordia con los más pobres. Que vivamos a fondo nuestra condición de devotos de la Chinita, con una devoción sólida, auténtica, concreta, que nos lleve a la felicidad. Recodemos las palabras de Jesús: “Dichosos serán los que escuchen la palabra de Dios y la cumplan” (Lc 11,28).
Mis queridos hermanos: que Dios nos bendiga: que  bendiga a Maracaibo y al Zulia, a su Iglesia y a sus pastores y religiosos; a sus familias, a sus niños y jóvenes. Que Dios bendiga,  fortalezca y ayude a los pobres! Que bendiga a Venezuela, de manera especial, con un incremento de nuestra fe. Y que en estos momentos de aguda crisis del país, ¡nos ayude a todos los venezolanos a resolver nuestros actuales conflictos de manera pacífica!  AMEN ¡

Que viva Jesucristo!
Que viva la Chinita.
Que viva la Iglesia,
Que viva el Papa, 

Que viva Venezuela. Amén.

domingo, 5 de noviembre de 2017

DOMINGO XXXI ORDINARIO DEL AÑO CICLO A HOMILIA

DOMINGO XXXI ORDINARIO DEL AÑO CICLO A
HOMILIA

En estos últimos domingos el evangelio de San Mateo nos ha presentado las controversias y polémicas provocadas deliberadamente por distintas autoridades religiosas judías contra Jesús en Jerusalén, buscando minar su popularidad y presentarlo como un enemigo del imperio romano. Hemos visto desfilar a maestros de la Ley, saduceos, fariseos, herodianos con preguntas malintencionadas y las respuestas de Jesús, muchas de ellas mediante parábolas, que los ha dejado confundidos.
La oposición de los dirigentes religiosos a la persona y al mensaje de Jesús ha estado presente desde el principio de su ministerio. Se enfrentaron primero con Juan el Bautista (Mt 3,7) y, una vez desaparecido Juan, se centró en él (Cf Mt 5,20;9,3.11; 12,1-42). En cada momento el Señor fue señalando sus deficiencias. El evangelio de hoy trae el inicio de un capítulo en el que Jesús recapitula todos sus señalamientos y reprueba con fuerza su estilo de liderazgo. En el texto de hoy Jesús se dirige a la multitud y a sus discípulos, pero la segunda parte se dirigirá directamente a los maestros de la Ley y a los fariseos.
Este mensaje no va dirigido solamente a ellos sino a todos los líderes religiosos de nuestra Iglesia y a todos los cristianos que ejercen algún tipo de liderazgo tanto en su familia, como en su comunidad eclesial y en la sociedad. Todos estamos llamados a acogerlo con un corazón abierto y a revisar nuestra conducta a la luz de la enseñanza que contiene. Más que un ataque a una categoría de dirigentes, es un fuerte aldabonazo de alerta y una advertencia que nos previene para que nos miremos en ese espejo y cuestionemos seriamente nuestra vida y conducta a ver si se adecúa al estilo de Jesús.
Antes de cuestionarlos, Jesús reconoce la autoridad del contenido de su enseñanza. Saben lo que dicen. Explican bien la Ley. Por eso invita a sus oyentes a hacer y observar todo lo que ellos le digan. Pero inmediatamente añade: “pero no actúen conforme a sus obras porque ellos no hacen lo que dicen”. Esta flagrante incoherencia se refleja en tres conductas: manejan un doble código: dicen, pero no hacen lo que dicen. Son duros con sus seguidores: les imponen cargas pesadas en las espaldas que ellos no son capaces de llevar; actúan para ser vistos. Es decir, quieren llamar la atención con sus atuendos, buscando los primeros puestos en actos religiosos y banquetes y exigen que se les llame por su título: Rabí.
Jesús va a partir de este título para describir cuál ha de ser el comportamiento de sus discípulos tanto en su casa como en la comunidad, a partir de tres títulos muy usados en aquellos tiempos: rabí o maestro, padre e instructor. Rabí es un título de autoridad revestido de honorabilidad. En el evangelio de Mateo la única persona que le aplica este título a Jesús es Judas Iscariote en el momento de la traición (Mt 26,25.49). El padre, en el contexto socio-cultural vertical y machista de aquella época, era considerado como un jefe absoluto, el dueño de todo y de todos, que tenía potestad sobre todos los de su casa y a quien por consiguiente todos debían de estar sometidos. El instructor es un tutor, y algunos estudiosos lo entienden como un preceptor al servicio de alumnos de la élite.
La enseñanza de Jesús va más allá de un simple problemas de títulos. Afronta con seriedad un asunto de mucha monta que podemos recoger en esta pregunta: ¿Cuáles han de ser las actitudes por las que han de regirse sus seguidores dentro de las comunidades discipulares?
Ante estas conductas Jesús puntualiza el comportamiento personal y comunitario por el que han de regirse los suyos: todos ustedes son hermanos. Esa es la postura fundamental por la que han guiarse sus discípulos para construir su Reino: vivir en comunidades fraternas. Por consiguiente, no pueden reproducir entre ellos las posturas reflejadas en los títulos antes descritos. Si van a ejercer alguna conducción en la comunidad no puede ser con la vieja figura del padre, investido de un poder absoluto sobre todos los demás. No pueden estar detrás de títulos ni reconocimientos. Jesús acepta el título de rabí, pero lo ejerce fuera de las escuelas y academias, al aire libre, sentado en una colina o a la orilla del lago o en una casa. Sus oyentes son la gente sencilla, los campesinos, los pescadores, las amas de casa.
En cambio, los modelos que han de tratar de reproducir es el del Padre que está en los cielos: “Sean perfectos como su Padre celestial es perfecto”. Sean misericordiosos como su Padre celestial es misericordioso”.  El modelo de Jesús: Él es nuestro instructor, el Mesías.
La actitud fundamental que recoge y sintetiza todas las demás posturas es la de servidor: que el mayor entre ustedes sea su servidor. La autoridad en la comunidad eclesial se ejerce según estos modelos en cuanto se vive en comunión con el único Padre, el único Maestro y el único Instructor. Es decir, con las tres personas divinas. Y la motivación fundamental que debe estar detrás de todas las demás es la del servicio.
Los miembros de las comunidades cristianas que participan en la vida de la Iglesia se unen desde en Cristo Jesús partiendo, con él y como él, desde lo último, desde lo más bajo y sencillo. Por el camino de la humildad y de la pequeñez. Por eso Jesús propone el camino de la unificación en Él: partir desde lo más bajo posible, como el servidor que se humilla. El se humilló hasta el extremo de la muerte y de la muerte en cruz y su Padre lo engrandeció con la resurrección (Cf Fil 2,5-11). Esa fue su actitud fundamental que se manifestó plenamente en el acontecimiento de la Cruz.
Allí llega a su culmen su autoridad: su perfecta coherencia entre su enseñanza y su actuación, Allí alivió la carga de todos nosotros, soportó nuestros sufrimientos y cargó nuestros dolores, llevando sobre sus espaldas el peso de nuestros pecados (Cf Is 53,4-5). Allí se despojó de su rango, de su túnica para revestir a todos los hijos pródigos que llegamos a sus pies, con el vestido de fiesta de la dignidad de hijos de su Padre. Allí se sentó en el último lugar del mundo para sentarnos a todos a su mesa. Allí, en el Gólgota, la cruz se volvió su cátedra real para enseñarnos a todos cómo ser hijos de Dios en espíritu y en verdad y hermanos animados por la fuerza del amor.
¡Qué bien nos viene a todos nosotros, curas y obispos y a nuestros líderes políticos, cristianos o no, despojarnos de las falsas actitudes de liderazgo!: la doble vida, la falta de compromiso, el buscar ser vistos, aplaudidos y sentados en los puestos de honor y adoptar el verdadero modelo de liderazgo que influye en la transformación de las relaciones humanas y sociales; la del servicio desinteresado que no busca otra recompensa que la cumplir bien su servicio si alharaca ni aplausos.
La Cruz purifica nuestro corazón y nos hace auténticos, nos despoja de las apariencias y hace que brote la verdad de nuestro ser, nos coloca en el lugar social correcto para que, levantando las cargas de los demás, todos juntos crezcamos en la dirección del Dios Padre, Maestro y Guía en quien todo converge.
Maracaibo 5 de noviembre de 2017

+Ubaldo R Santana Sequera FMI
Arzobispo de Maracaibo

sábado, 28 de octubre de 2017

Homilía en la bajada de la imagen de La Chinita.

Homilía en la bajada de la imagen de La Chinita.
        

Hermanos y hermanas en N. S. Jesucristo:
“El pueblo que caminaba en tinieblas ha visto una gran luz: sobre los que habitaban en el país de la oscuridad ha brillado una gran luz” (Is 9, 1). Querido pueblo católico del Zulia que hoy, lleno de gozo en el Señor y henchido de gratitud hacia la Madre de Dios, celebra hoy la Bajada de la venerada imagen de La Chinita, estas palabras del profeta Isaías que acabamos de escuchar, pronunciadas en un momento histórico oscuro para el pueblo de Israel, se refieren al anuncio del nacimiento de un niño, el Emmanuel, el Dios con nosotros (cf. Is 7, 10-16), que nacerá de una virgen y traerá la liberación del mal, la justicia, la paz y la alegría. Esta profecía tendrá su cumplimiento siete siglos después de haber sido pronunciada con el nacimiento de Jesús, el Salvador, el Hijo de Dios, nacido de María la Virgen. Este nacimiento no hubiese sido posible sin el consentimiento de aquella muchacha de Nazaret llamada María que responde al ángel, desconcertada momentáneamente, pero llena de fe y humildad, con las palabras “he aquí la esclava del Señor, hágase en mi según tu palabra” (Lc 1, 38). Decía San Bernardo que en las manos de María estaba el precio de nuestra salvación, de su consentimiento dependía que fuésemos liberados del pecado, de su respuesta que se nos devolviera la vida (cf. Homilía 4, 8-9). Afortunadamente ella dijo sí y se nos abrieron las puertas del cielo. Por eso, desde un principio el pueblo cristiano  sintió profunda veneración por aquella mujer privilegiada por Dios, elegida para ser la madre del Salvador, que acompañó a su Hijo hasta el pie de la cruz y a la Iglesia después de la resurrección y que la sigue acompañando siempre como una madre amorosa que vela por sus hijos. “Ella –dice el papa Francisco- es la esclavita del Padre que se estremece en la alabanza. Ella es la amiga siempre atenta para que no falte el vino en nuestras vidas. Ella es la del corazón abierto por la espada, que comprende todas las penas. Como madre de todos es signo de esperanza para los pueblos que sufren dolores de parto hasta que brote la justicia. Ella es la misionera que se acerca a nosotros para acompañarnos por la vida, abriendo los corazones a la fe con su cariño materno. Como una verdadera madre, ella camina con nosotros, lucha con nosotros, y derrama incesantemente la cercanía del amor de Dios” (Exhortación ‘Evangelii Gaudium’, EG, 286).
         Esta maternidad se hizo signo visible en la Maracaibo de principios del siglo XVIII, cuando en un día del año 1709 –historia bien conocida por todos- una anciana recogía en las orillas del lago una tablita que una vez colocada en la pared de su casa, en un luminoso 18 de noviembre, de manera milagrosa, mostraba claramente la figura de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá, tal como lo describe hermosamente el insigne poeta zuliano Jorge Schmidke:


“La sacra reliquia, de Dios mensajera, viajó sobre el lago, llegó a la ribera; y una lavandera, piadosa y sencilla, cogió la tablilla, la llevó a su casa sin saber lo que era y tapó la roja tinaja de arcilla. Pero la tablilla, de Dios mensajera, sonó en la tinaja de la lavandera; y ante el ruido extraño, la mujer sencilla tomó la tablilla, secó la madera, y al fijarse en ella descubrió lo que  era. ¡Milagro, milagro, dulce maravilla!, gritó a los vecinos la mujer sencilla. ¡Es  la Santa Virgen, de Dios mensajera, la Sacra Madona que el mundo venera! ¡Miren como luce! ¡Miren como brilla! Y el pueblo, ferviente, dobló la rodilla, clavó sus miradas en la azul esfera, le dio una Corona, le alzó una Capilla, y a nada le teme, porque en su alma brilla la dulce Chinita, de Dios Mensajera”.



Y desde estos memorables acontecimientos, así descritos por el poeta, la devoción mariana del pueblo maracaibero y de toda la provincia se volcó en la veneración de aquella imagen de la tablita. A partir de entonces, ella reina como madre en los corazones de cada zuliano, en su cotidianidad y en los grandes acontecimientos, realizando el Señor, por su intercesión, numerosos prodigios en favor de sus hijos que a ella acuden en sus necesidades. Ella nos muestra en su regazo al Hijo, y con el rosario en su mano derecha nos invita a transitar los misterios de la salvación que nos conducen por el Hijo y en el Espíritu al encuentro con el Padre en el trajinar de cada día, con la mirada puesta en la eternidad y la gloria. Ella vela por nosotros como madre protectora en los peligros, en las angustias y en nuestras necesidades; acompaña nuestras alegrías y nuestros logros y nos llena de esperanza en el tortuoso camino de las dificultades y de las sombras.
         Como testimonio del amor que el pueblo zuliano siente por La Chinita, cada año, desde hace más de tres siglos, una multitud entusiasta de fieles, plena de devoción, participa de las celebraciones, que tienen como centro el 18 de noviembre. Antecediendo a ésta, con indecible alegría,  se realiza la bajada del sagrado ícono, que inauguran las solemnes festividades, la tradicional “Bajada de la Virgen”, que hoy estamos celebrando. Este año la fiesta de La Chinita tiene una impronta particular: el Sr. Arzobispo de Maracaibo, el día de la fiesta, declarará a la Basílica de N. S. de Chiquinquirá Santuario Arquidiocesano, lugar de encuentro y de oración donde zulianos y visitantes con particular devoción rinden veneración a la Madre de Dios. Asimismo, este año transcurre el septuagésimo quinto (75°) aniversario de la solemne coronación de la imagen de la Virgen de Chiquinquirá. En efecto, un 18 de noviembre de 1942, con la presencia del episcopado venezolano en pleno y del Nuncio Apostólico, fue coronada la venerada imagen. Se dio cumplimiento así a una disposición del 16 de julio de 1917 del Papa Benedicto XV, con la que respondía a una solicitud del entonces Obispo del Zulia, Mons. Arturo Celestino Álvarez. Fue aquel 18 de noviembre de hace 75 años cuando por primera vez se escuchó entonar el himno de la Chinita: “Gloria a Ti, casta Señora; de mi pueblo bravo y fuerte; que en la vida y en la muerte; ama y lucha, canta y ora”.
         Ahora bien, celebrar estas realidades maravillosas en honor a la Madre del Zulia no implica ignorar la realidad que nos circunda y la situación en la que nos encontramos.  El papa Francisco afirma que el anuncio del Evangelio y la experiencia de vida cristiana, que tiene como centro el amor, deben tener consecuencias sociales (cf. EG, n. 180). La propuesta cristiana es el Reino de Dios, que Cristo ha venido a traer: “En la medida en que Él logre reinar entre nosotros, la vida social será ámbito de fraternidad, de justicia, de paz, de dignidad para todos”. Esta enseñanza constituye un desafío para nosotros los cristianos, en el contexto de la profunda crisis política, económica, social y moral del país y que requiere de todos un esfuerzo que ayude a superarla. En su salutación al pueblo zuliano, con ocasión de las fiestas de este año en honor de La Chinita, nuestro querido arzobispo y su obispo auxiliar nos han recordado que “el encuentro con ella se da este año en un contexto de grandes dificultades. La región, al igual que todo el país, está sumida en una grave crisis alimentaria, sanitaria y de inseguridad jurídica y civil. Nuestro pueblo pasa hambre, se enferma, se angustia porque no consigue los medicamentos que necesita. Miles de zulianos han tenido que abandonar el país, buscando en otra parte lo que su nación no les ofrece”. Por eso, los pastores de la iglesia marabina han querido colocar las fiestas de este año en honor de La Chinita bajo el signo de la caridad de María, que cual madre amorosa y compasiva vela por sus hijos, llena de misericordia, y como buena samaritana los socorre en sus necesidades. En ese mismo mensaje nos han pedido nuestros obispos que en este homenaje a nuestra patrona no nos limitemos a “contemplar sus innumerables milagros y favores de mujer samaritana, sino que queremos aprender de ella a ser nosotros cristianos y cristianas más conscientes de la dignidad de todo ser humano, más solidarios los unos con los otros, (…), más fraternos, más capaces de perdón y de reconciliación. En una palabra, ofrecerle un rosario viviente de caridad”. Esto debe traducirse en una acción social de la Iglesia y de los cristianos más comprometida y mejor organizada en favor de los más necesitados.

Junto a esta transformación de cada uno de nosotros en la caridad, a la que nos invita el ejemplo de María, aprovechemos la ocasión de este homenaje a la Chiquinquirá para pedir su intercesión  para que mueva los corazones de los que nos gobiernan, para que ejerzan su oficio velando por el bien común y los intereses  del pueblo que los eligió, más allá de sus propios intereses y de sus ambiciones de poder y de dominio. En este sentido quisiera subrayar lo que los obispos de Venezuela, en un reciente comunicado con referencia a las recientes elecciones regionales, hemos afirmado: que “el pueblo tiene derecho a exigir de la dirigencia política que se ocupe primordialmente de sus necesidades más sentidas, las conozca más de cerca, las experimente y le ofrezca un proyecto de país coherente, fundamentado en la justicia y el bien común sin exclusiones. Elevamos nuestra oración al Dios que alienta nuestra esperanza ante los serios problemas que afectan a nuestra sociedad y que causan angustia y desánimo en muchos corazones” (Comunicado CEV ante los comicios regionales, 19.10.2017). Pero pidamos también a La Chinita para que los empresarios y los comerciantes sean honestos y solidarios y no contribuyan, con la cadena de desmedidos aumentos de precios, a agravar la situación de pobreza creciente y progresiva que agobia al pueblo venezolano.

Hermanos y hermanas de Maracaibo y del Zulia,  que esta solemne ‘Bajada de la Chinita’ abra nuestros corazones a la Madre que nos ama, nos cuida y nos conduce al encuentro con Jesucristo y al encuentro fraterno y solidario con los hermanos.  Que ella nos asista para que nuestra palabra y testimonio de vida sean portadores del amor misericordioso de Dios a los demás. A ella, a nuestra amada Chinita, le decimos con el Papa Francisco: “Estrella de la nueva evangelización, ayúdanos a resplandecer en el testimonio de la comunión, del servicio, de  la fe ardiente y generosa, de la justicia y del amor a los pobres, para que la alegría del Evangelio llegue hasta los confines de la tierra y ninguna periferia se prive de su luz. Madre del Evangelio viviente, manantial de alegría para los pequeños, ruega por nosotros. Amén. (EG, 288). ¡Viva  La Chinita!


Maracaibo,   28 de octubre de 2017.


† Freddy J. Fuenmayor S.
Obispo de Los Teques

sábado, 14 de octubre de 2017

Homilía en el de Acto de Consagración de la Arquidiócesis al Corazón Inmaculado de María, 13 Oct 2017)

“MARIA POR SU PARTE GUARDABA TODAS ESTAS COSAS
Y LAS MEDITABA EN SU CORAZÓN” (Lc 3,19)

Homilía en el de Acto de Consagración de la Arquidiócesis
al Corazón Inmaculado de María, 13 Oct 2017)

Es hermoso detenernos a pensar cuantas maravillas estaban guardadas en el corazón de María, sobre todo, el gran amor de su hijo que llevó en su seno. Ese amor inmenso se convierte en un torrente de gracias para todos nosotros, sus  hijos. Por eso es necesario que nosotros correspondamos con un gesto definitivo de adhesión a su Corazón Purísimo e Inmaculado, que a su vez está unido al Sagrado Corazón de Jesús.

Una forma concreta de reciprocidad a ese gran amor, es Consagrándonos totalmente a ella, que a su vez nos lleva por camino seguro hacia Jesús. La condición principal para que esa unión de corazones sea eficaz es que tengamos un corazón contrito, arrepentido, “ya que el Señor un Corazón contrito y humillado, jamás lo desprecia” (Sal 50). He aquí el sentido y el motivo del Acto de reparación y desagravio que hemos hecho previamente, como preparación inmediata.

   Por esta razón, queridos hermanos, hoy 13 de Octubre cuando se cumplen 100 años del Milagro del Sol, en Fátima y ante la promesa hecha por la Santísima Virgen María a los pastorcitos, en presencia de casi 100 mil personas, es también muy significativo y providencial que en este día, este pueblo peregrino de la Arquidiócesis de Maracaibo, familias, consagrados,  diáconos, seminaristas, religiosos,  presbiterio y  Obispos, hagamos nuestra Consagración solemne al Corazón Inmaculado de María, Nuestra dulce Madre, que al aparecerse en Fátima Portugal,  también está presente en el Zulia,  bajo la advocación de Nuestra Señora de Chiquinquirá. Esta Madre solidaria que se ha hecho presente en muchas regiones del mundo tomando diversos nombres, tiene una realidad común en la cual confluyen todas las advocaciones sin contraponerse: su Corazón Purísimo, Santísimo e Inmaculado. En ese único y puro Corazón, confluye el misterio del gran amor de Dios sobre sus hijos.

     Recordemos cuando particularmente Lucía, recibió este mensaje de la Santísima Virgen María en su segunda aparición en Fátima, Portugal, el 13 de junio de 1917: “tu te quedas aquí un tiempo más. Jesús quiere servirse de ti para darme a conocer y amar. Quiere establecer en el mundo la devoción a mi Inmaculado Corazón”. Y nosotros podríamos preguntarnos ¿Por qué pidió esto Jesús? No lo sabemos; sólo tenemos la explicación que recibió Lucía “Quien abrazare (esta devoción) prometo la Salvación y serán queridas sus almas por Dios, como flores puestas por mi, para adornar su Trono... Mi Corazón Inmaculado será refugio y el camino que te conducirá a la Salvación (…) y, por fin mi Inmaculado Corazón triunfara”.
     Papa Pío XII, (el 31 de octubre de 1942) en el 25 aniversario de las apariciones de Fátima, consagró el mundo al Inmaculado Corazón de María, obedeciendo la petición de N. Señora de Fátima, y junto al Papa, muchos Obispos le han consagrado sus diócesis, provincias y naciones. El episcopado polaco lo acaba de realizar recientemente. Esta Consagración es como un faro de amor maternal, que nos motiva e impulsa hacia la fe y el amor divino.

"Os tengo en mi Corazón", puede decirnos María... En esa arca de salvación cabe todo el mundo". Un mundo hoy agobiado por toda clase de plagas mortíferas: las guerras étnicas exterminadoras, el terrorismo radical islamista, la ideología del género, los regímenes totalitarios comunistas, el liberalismo desenfrenado, secularizador y consumista, la extensión del hambre, de la miseria y de la cultura del descarte y de la degradación humana. Ese es el mundo que tiene que volver a Dios, convertirse, cambiar de rumbo so pena de conducir al género humano entero a su desaparición.

Ahora nos toca a nosotros como Arquidiócesis de Maracaibo, a cada uno de nosotros, repetir la consagración y vivir de acuerdo con ella llevando una conducta digna de hijos del Corazón Inmaculado de María: una vida de pureza, de oración, de mansedumbre, de caridad, de paciencia, de sacrificio, virtudes que nos harán semejantes a nuestra Madre y fieles discípulos de Jesús.
Esta Consagración a la Santísima Virgen María es en primer lugar, un compromiso a renovar nuestro compromiso bautismal, renovando en nosotros la unción del Espíritu Santo, recibido plenamente en el sacramento de la confirmación, somos testigos de la fe y del Evangelio de Jesucristo.
Esta Consagración de hoy es una vitalización de nuestra vivencia penitencial a través del Sacramento de la reconciliación, recordando aquellas primeras palabras de Jesús al iniciar su ministerio público: “Conviértanse porque está cerca el reino de los cielos” (Mt 4,17). Es decir, nos impulsa a un verdadero arrepentimiento y aún deseo de permanecer en la gracia de Dios.
Esta Consagración es también una renovación de nuestra comunión Eucarística como fuente central que alimenta nuestra fe, donde nos hacemos una comunidad de creyentes, solidarios, humildes, generosos, caritativos, misericordiosos, piadosos y servidores de los más débiles.
Esta Consagración es igualmente un compromiso de cultivar familias, iglesias domésticas, laicos verdaderamente servidores del amor de Dios.
Hoy está adhesión al Corazón Inmaculado de Nuestra Señora es una renovación de nuestra Consagración como religiosos, Religiosas, sacerdotes, diáconos, seminaristas; que seamos discípulos y misioneros fieles, testigos de la Verdad y ministros santificadores del pueblo Santo de Dios.
Presentamos a nuestra Madre Santísima nuestro profundo deseo de ser una iglesia arquidiocesana fiel, obediente, transparente, casta, renovada, misericordiosa, penitente, santificada y santificadora, Iglesia comunión a imagen del amor del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Podemos decir, con humildad que en estos frutos y signos consistiría el triunfo del Corazón Inmaculado en nuestra Arquidiócesis.

¿ES BUENO TAMBIÉN PREGUNTARNOS PORQUÉ CONSAGRARNOS COMO IGLESIA LOCAL ARQUIDIOCESANA DE MARACAIBO?
Recordemos que el 13 de junio 1929 – Nuestra Señora se aparece a Sor Lucía Dos Santos (una de los tres pastorcitos que recibieron las apariciones de la Virgen María en Fátima) en el convento de Tuy – España, y le dice:
«Ha llegado el momento en que Dios pide al Santo Padre, que, en unión con todos los Obispos del mundo, haga la Consagración de Rusia a mi Inmaculado Corazón» Prometiendo la Paz para el mundo, y salvarla por medio de esta Consagración.

También en mayo 1936 – Nuestro Señor le dijo a Sor Lucía: «La conversión de Rusia acontecerá solo cuando aquella nación sea consagrada solemne y públicamente al Corazón Inmaculado, por el Papa junto con todos los obispos.»

El 13 de mayo de 1967, durante su visita al Santuario de Fátima, el Papa Pablo VI, preocupado por las amenazas de guerra, y por la salvación de las almas, pide que todas las personas, diócesis y naciones del mundo, sean consagradas al Inmaculado Corazón de María.

El 15 de marzo de 1984 el Papa Juan Pablo II, hizo un Acto de Consagración, donde incluyó rogar por la conversión de Rusia.
Y hoy nosotros, 13 de octubre de 2017, siguiendo este gesto de fe de los Sumos Pontífices,  quienes escucharon a la Santísima Virgen María, quien en Fátima expresó el deseo de su hijo, nosotros aquí en su Santuario Zuliano, bajo la dulce Advocación de N.S de Chiquinquirá, en un acto de fe, nos consagramos a ella y depositamos el pasado, presente y futuro de nuestra Arquidiócesis en su Corazón Inmaculado, por eso llenos de humildad y con gran esperanza, te pedimos Madre Santísima: “Vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos y después de este destierro muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre, oh piadosa, oh Clemente, oh siempre Virgen María”. Amén

(A continuación, se realiza el Acto de Consagracion).

Saludo Inicial VII Seminario Internacional de la Red de Universidades para Estudios de Fraternidad

Saludo Inicial
VII Seminario Internacional de la
Red de Universidades para Estudios de Fraternidad

Maracaibo, 12 de octubre de 2017

Monseñor Aldo Giordano, nuncio apostólico del Santo Padre, del Papa Francisco en Venezuela.
Dr. Ángelo Lombardi, rector de la UNICA y demás Autoridades universitarias.
Representantes de las fuerzas vivas del estado Zulia y la ciudad de Maracaibo.
Miembros del comité internacional y local de esta Red de Universidades para Estudios de Fraternidad.
Profesores, investigadores y estudiantes.
Señoras y Señores

Celebro esta importante iniciativa de llevar a cabo en nuestra ciudad la séptima edición del Seminario Internacional RUEF con el lema “Fraternidad, Reconciliación y Diálogo en Frontera”. Ocurre en un momento de gran pertinencia para el contexto venezolano, en vísperas de las elecciones para escoger las autoridades regionales del país y ante el desafío de encontrar mecanismos que nos aseguren una convivencia pacífica y democrática entre los venezolanos y con el pueblo de la hermana República de Colombia con el cual compartimos la frontera.

Que sea precisamente la UNICA la anfitriona es una buena noticia para todos, pues la “Católica de Maracaibo”, junto con la amplia red de las escuelas arquidiocesanas y de los Centros de capacitación laboral, forma parte del proyecto educativo de futuro de nuestra Arquidiócesis. Con este Seminario se ven germinar los frutos de madurez de sus 34 años de presencia, como comunidad académica y científica, en el conjunto de las Universidades del Zulia.

Ustedes, estimados invitados internacionales y profesores, están escribiendo una nueva página en la historia de la vocación humanística de nuestra universidad, ya que solo desde el humanismo solidario podremos formar ciudadanos que ejerciten una auténtica cultural del diálogo y de la fraternidad (Cf. Educar al Humanismo Solidario, 14, 2017) y sean capaces de establecer puentes de convivencia con las naciones vecinas, haciendo realidad el sueño del Libertador Simón Bolívar de una América integrada en una gran comunidad de naciones hermanas.

Hoy los venezolanos estamos llamados a “derribar todo muro de división existente en nuestro país y contribuir a la recuperación de nuestra nación, rehacer el tejido social e ir dando los pasos para la reconciliación en el encuentro fraterno entre todos” (Cf. CEV, Mensaje Urgente a los católicos y personas de buena voluntad, 9, 2017).

Y este desafío se inicia con la formación de valores ciudadanos y políticos, desde la fraternidad y la “cultura del encuentro”. Solo desde esta mirada la diligencia política se liberará de ser presa fácil de intereses netamente económicos, dominados por el ansia de poder y la exclusión.

No es desde la imposición autoritaria de versiones manipuladas de la verdad que construiremos una nueva Venezuela, ya que “la absolutización de lo que no es absoluto, sino relativo, se llama totalitarismo” y el totalitarismo “no libera al hombre, sino que lo priva de su dignidad y lo esclaviza” (Cf. Benedicto XVI, Homilía en Marienfield - Colonia, 2005).

Deseo pues que éste Séptimo Seminario Internacional de la Red de Universidades de Estudios de Fraternidad en Maracaibo, sea para todos sus participantes y para nuestra comunidad UNICA, “una verdadera experiencia de fraternidad, una caravana solidaria, una santa peregrinación” al encuentro del otro. (Cf. Francisco, Evangelii Gaudium, 87, 2013).

Solo con la convicción universalizada e internalizada de que la humanidad no tiene sino una sola vocación: la vocación a la fraternidad, podremos avanzar con pasos firmes por los caminos del diálogo y de la reconciliación.
Dios se hará más presente y visible entre nosotros en la medida en que nos vayamos descubriendo y tratando como hermanos habitantes y coherederos de una sola casa común.

Sean todos bienvenidos y que tengan una feliz y fraterna estancia entre nosotros.

Maracaibo 12 de octubre de 2017

+Ubaldo R Santana Sequera FMI
Arzobispo de Maracaibo

jueves, 12 de octubre de 2017

Orando por Venezuela éste 13 de Octubre.

Mis queridos hermanos sacerdotes y diáconos,
Como se comentó en la reunión del clero de ayer, siguiendo la invitación de la Presidencia de la Conferencia episcopal en su reciente comunicado, se ha programado una jornada de oración este 13 octubre en la catedral y luego en la basílica. Los invito a unirse desde sus respectivas parroquias y comunidades sectoriales a este  importante momento. Hago mías estas palabras del Cardenal Urosa: "“Exhortamos a los párrocos a que el próximo 13 de octubre se organice en todas las comunidades eclesiales una jornada de oración por Venezuela y por el éxito de las próximas elecciones. Que la Virgen de Coromoto nos consiga mediante su intercesión lo que necesitamos para hacer de Venezuela una nación donde impere la justicia, la libertad, la solidaridad y la fraternidad, que provienen del amor redentor del Señor Jesús”.
+Ubaldo R Santana Sequera FMI