domingo, 14 de enero de 2018

Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado para este año 2018 - Mensaje

Hoy celebramos la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado, con el lema: “Acoger, proteger, promover e integrar a los emigrantes y refugiados”, también hoy al final del rezo del Ángelus, el Papa Francisco anunció que a partir de ahora se celebrará cada segundo domingo de septiembre “por motivos pastorales”. La próxima, por tanto, será el 8 de septiembre de 2019.
Les comparto el Mensaje del Papa Francisco la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado para este año 2018.
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SEGUNDO DOMINGO ORDINARIO. CICLO B. 2018 - HOMILÍA

SEGUNDO DOMINGO ORDINARIO. CICLO B. 2018
HOMILÍA
Queridos hermanos,
Después de las fiestas navideñas, entramos en el camino ordinario de la vida. Es en este camino que estamos llamados a encontrarnos con Jesús. Aunque es un domingo ordinario, sin embargo, no hacemos lectura del evangelio de Marcos sino de S. Juan. El texto nos presenta el momento en que Juan Bautista reconoce a Jesús y se lo señala a dos de sus discípulos y todo lo que se desencadena a partir de este testimonio.
Juan inicia su evangelio con dos grandes prólogos por medio de los cuales nos presenta a Jesús. El primer prólogo, nos presenta a Jesús como el Hijo de Dios, como Palabra que existía desde la eternidad. El segundo nos narra cómo esa Palabra, por designio del Padre, se hizo hombre y vino a habitar entre los hombres, cómo se van encontrando con él sus primeros discípulos y a través de ellos todos los creyentes. La narración de hoy se centra en el llamado de los tres primeros discípulos.
Todo arranca cuando Juan Bautista reconoce a Jesús cuando pasaba por allí y lo señala con un título misterioso: “Este es el cordero de Dios”. Para eso había sido enviado precisamente Juan. Así lo había predicho su padre Zacarías, desde su mismo nacimiento (Lc 1,76-77).  Ese día Juan estaba llevando a cabo la razón de ser de su vida y de su vocación. Ya él había dicho que el Mesías se encontraba en medio de su pueblo (Jn 1,26). Había llegado el día y la hora. El esposo que venía a casarse con su pueblo y él, Juan, su amigo, que ha estado a su lado y lo ha escuchado, se alegra al oír la voz del esposo. Al identificarlo y señalarlo a sus dos discípulos, su alegría ha llegado a su plenitud; ya puede retirarse. Que resuene la palabra, que disminuya la voz (Cf Jn 29-30). No tardará mucho en ser arrestado, encarcelado y decapitado en una de las tantas fiestas de Herodes.
Se inaugura así el ministerio de Jesús y con él, una nueva etapa en la historia de la salvación. La Palabra del Padre desciende entre los hombres para encontrarse con ellos, conversar familiarmente con ellos, invitarlos a entrar en su casa y quedarse con Él para siempre. Ya está entre los hombres, el Hijo de Dios hecho hombre para llevar a cabo él también los designios salvadores de su Padre. La carta a los Hebreos, le aplica al Verbo Encarnado las palabras del salmo 39 que acabamos de recitar en el Salmo interleccional: “Abriste mis oídos a tu voz y te dijo: Aquí estoy, Señor, como en el Libro está escrito de m. Deseo cumplir tu voluntad, Dios mío, llevo tu enseñanza en mis entrañas” (Sal 39,7-9; He 10, 5-10) .
Volvamos a nuestros dos discípulos. Tras el testimonio de Juan, se lanzan tras ese cordero que quita el pecado del mundo. Ellos hasta ahora habían escuchado la voz. Ahora se encuentran con la Palabra e inician un diálogo con ella. La Palabra los oye, les contesta y a su vez los interroga. Así se inicia el gran diálogo salvador de Jesús, Palabra encarnada, con la humanidad. Diálogo que continúa hoy y se prolongará hasta el fin de los tiempos. El momento del juicio final será también un diálogo y allí se revelará la esencia y la finalidad de ese diálogo. Es un diálogo de amor. El los lleva consigo. Maestro, ¿dónde vives? - “Vengan y verán”.  Los introduce en su casa y permanecen con él. Vengan y verán. Primero vengan, síganme, caminen detrás de mí y a medida que estén conmigo, que permanezcan conmigo entonces verán. Solo dentro de la vivencia de una experiencia cristiana se da con mayor plenitud la inteligencia del misterio cristiano
Los hombres de este tiempo hemos invertido el orden de las palabras. Decimos: primero quiero ver para poder ir detrás de ti. Dame pruebas, dame señales y entonces si me convences yo te sigo. Pero el secreto de esta experiencia está en seguir primero al Señor y en la medida que lo sigamos es que seremos capaces de ver con claridad que es allí con él, en su casa, en su compañía que debemos permanecer para siempre. Solo así seremos capaces de descubrir la verdadera imagen del Dios cristiano y también la consiguiente imagen de nosotros los hombres y el camino que nos corresponde recorrer en esta vida.
Esa inmensa asociación de Dios con la humanidad que Juan llama un desposorio, es un encuentro, una experiencia de seguimiento, de revelación y de permanencia. Así la resumirá el apóstol Juan en su primera carta: “Nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él” (1 Jn 4,16). ¿Quién no se acuerda de las luminosas palabras que figuran al inicio de la encíclica del Papa Benedicto sobre la Caridad?: “No se comienza a ser cristiano por una decisión ética (yo quiero ser bueno), o una gran idea (Dios el relojero de la creación de los deístas), sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y con ello, su orientación definitiva” (DCE 1b; cfr. DA 12).
La vocación humana y con mayor razón la vocación cristiana se puede considerar en su núcleo fundamental como una búsqueda de esa persona, de ese amor que da plenitud a la vida. Buscarlo con todo el ardor hasta encontrarlo para no soltarlo jamás. Se puede aplicar a esta aventura, la única y verdadera gran aventura de nuestra vida, la hermosa poesía del Cantar de los Cantares: “En mi cama por la noche, buscaba al amor de mi alma: lo buscaba y no lo encontraba. Me levantaré y rondaré por la ciudad por las calles y las plazas, buscaré al amor de mi alma. Lo busqué y no lo encontré. Me encontraron los centinelas que hacen ronda por la ciudad: ¿Han visto al amor de mi alma? En cuanto los hube pasado, encontré el amor de mi alma. Lo abracé y no lo soltaré nunca más” (Cant. 3,1-4).
Del testimonio de ese encuentro surge la misión. Inmediatamente después de haber vivido esta experiencia, Andrés sale en busca de su hermano Simón: “¡Hemos encontrado el Mesías! Y lo llevó donde estaba Jesús. Ese es el sentido de toda misión. El testimonio de una experiencia, de un encuentro que se comparte. Para Juan esa experiencia fue decisiva en su vida. Quedó grabado el día y la hora. Y mucho más tarde cuando escribe a sus comunidades empieza así su carta: “Lo que existía desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado y palpado con nuestras manos acerca de la Palabra de vida…eso que hemos visto y oído también se lo anunciamos a ustedes para que vivan en comunión con nosotros y nuestra alegría llegue a plenitud” (1 Jn 1,1-4). Hago mías, en este décimo séptimo aniversario de haber iniciado mi ministerio en Maracaibo, estas luminosas palabras de Aparecida: “Conocer a Jesús es el mejor regalo que puede recibir cualquier persona; haberlo encontrado nosotros es lo mejor que nos ha ocurrido en la vida, y darlo a conocer con nuestra palabra y obras es nuestro gozo” (DA 29).
El evangelio de Juan, leído al inicio de este año, iniciando el camino del tiempo ordinario, una fuerte invitación a darnos como propósito aceptar nosotros también el testimonio de Juan y el señalamiento que nos hace de Jesús, el Cordero que quita el pecado del mundo, para que nos pongamos decididamente tras sus pasos, iniciemos un diálogo sincero y vital con él, vayamos con él, veamos dónde vive, entremos en su morada, permanezcamos con él para conocerlo a fondo, aprender a amarlo y hacernos uno de los suyos. Y luego, no quedarnos con ese tesoro, sino que salgamos como verdaderos testigos y discípulos misioneros a difundirlo en nuestro entorno. Valen para nosotros ese vigoroso mensaje que el episcopado acaba de dirigir a los venezolanos, que podemos aplicar no solamente a la actitud a asumir ante la dramática situación nacional, sino también ante la propuesta que nos hacen los dos Juanes en este evangelio:
Ante la dramática situación que afecta a todos, especialmente a los más pobres, hay dos actitudes: la conformista y resignada, de quienes quieren vivir de las dádivas, regalos y asistencialismo populista del gobierno y otra, la de quienes, conscientes de la gravedad de los problemas, buscan instaurar unas condiciones de verdad, justicia e inclusión, aún a riesgo del rechazo y la persecución. La actitud de resignación es paralizante y en nada contribuye al mejoramiento de la situación. Lo positivo y lo eficaz es el compromiso, la esperanza y la solidaridad. ¡Despierta y reacciona, es el momento!, lema de la segunda visita de san Juan Pablo II a Venezuela (1996), resuena en esta hora aciaga de la vida nacional”.
Esta es la misión fundamental que nos entrega la Iglesia a través de la voz del Papa Francisco, de Aparecida y de todo el magisterio actual del episcopado venezolano y que se puede resumir en esta vigorosa invitación de Aparecida: “El reto fundamental que afrontamos: mostrar la capacidad de la Iglesia para promover y formar discípulos misioneros que respondan a la vocación recibida y comuniquen por doquier, por desborde de gratitud y alegría, el don del encuentro con JC. No tenemos otro tesoro que éste. No tenemos otra dicha ni otra prioridad que ser instrumentos del Espíritu de Dios, en Iglesia, para que Jesucristo sea encontrado, seguido, amado, adorado, anunciado y comunicado a todos, no obstante todas las dificultades y resistencias” (DA 14)
Sintamos fuertemente esta invitación cuando el presidente de la eucaristía, nos invitará a la comunión con las palabras de Juan el Bautista: “He aquí el cordero de Dios que quita el pecado del mundo”.  Y nosotros contestaremos: “Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya, bastará para sanarme”. Mientras nos acercamos a comulgar revivamos la experiencia de los tres primeros discípulos y dejemos resonar profundamente en nuestro corazón la invitación del Señor a seguirlo y encontrar nuestra dicha en  permanecer con él y hacernos sus testigos y pregoneros.
Maracaibo 14 de enero de 2018

+Ubaldo R Santana Sequera FMI
Arzobispo de Maracaibo


sábado, 13 de enero de 2018

EXHORTACIÓN DE LOS OBISPOS VENEZOLANOS EN OCASIÓN DE CELEBRAR SU CIX ASAMBLEA ORDINARIA PLENARIA

EXHORTACIÓN DE LOS OBISPOS VENEZOLANOS 
EN OCASIÓN DE CELEBRAR SU CIX ASAMBLEA ORDINARIA PLENARIA

“Dios consolará a su pueblo” (Isaías 49, 13)

INTRODUCCIÓN

1.      Al comenzar el nuevo año, nosotros, los Obispos de Venezuela, reunidos en la CIX Asamblea Ordinaria enviamos a todos los venezolanos, dentro y fuera del país, un fraterno y caluroso saludo. Con la elección de una nueva Junta Directiva iniciamos un nuevo trienio de trabajo. Como pastores, en continuo acompañamiento a nuestro pueblo, experimentamos las graves y tristes situaciones que dibujan un panorama negativo y desolador. Nos hacemos eco de las palabras del santo Padre Francisco ante el Cuerpo Diplomático acreditado en la Santa Sede el pasado 8 de enero: “Pienso especialmente en la querida Venezuela, que está atravesando una crisis política y humanitaria, cada vez más dramática y sin precedentes…”. Creemos profundamente que Dios no abandona a su pueblo.

II. REALIDAD DE TRAGEDIA Y SUFRIMIENTO

2.      Las políticas del gobierno han llevado a los ciudadanos a una gran dependencia de los organismos del Estado. Esto ha generado una contracción de la libre iniciativa, del emprendimiento, de la capacidad de las personas y las empresas para crear empleo y del estímulo para una mejor formación profesional. Las medidas que el gobierno implementa para dar alimento al pueblo son insuficientes y tienden a crear mendicidad y mayor dependencia. Por otra parte, las políticas sociales y económicas están infectadas del morbo de la corrupción. Además, el férreo y prolongado control de divisas es un freno injusto al desarrollo de la empresa privada. Estas políticas han dado como resultado aumento de la pobreza, desempleo, carencia de bienes básicos, descontento y desesperanza general.

3.      El éxodo de millones de venezolanos que buscan nuevos horizontes nos duele profundamente, así como las fórmulas desesperadas para huir del país. Cabe mencionar aquí el drama reciente del naufragio de una embarcación con un número importante de venezolanos que concluyó con la trágica muerte de un grupo significativo de ellos. Presagio, Dios no lo permita, del inicio, en nuestro entorno, de la múltiple y dolorosa experiencia de nuestros vecinos, en particular, cubanos y haitianos. Como ya hemos advertido los Obispos: “La raíz de los problemas (del país) está en la implantación de un proyecto político totalitario, empobrecedor, rentista y centralizado que el gobierno se empeña en mantener” (CEV, El Señor ama el que busca la justicia, 12-07-2016)

4.      La Asamblea Nacional Constituyente es inconstitucional e ilegítima en su origen y en su desempeño. En vez de limitarse a redactar una nueva Constitución pretende erigirse en un supra poder con funciones ejecutivas y judiciales. El gobierno, con la “Ley contra el Odio y la Intolerancia”, nacida de la misma Asamblea, criminaliza toda manifestación en su contra y propicia la multiplicación y difusión de toda clase de rumores y especulaciones, cuyo efecto es consolidar un control absoluto de actividades y provocar el miedo y la autocensura.

5.      Con la suspensión del referéndum revocatorio y la creación de la Asamblea Nacional Constituyente, el Gobierno usurpó al pueblo su poder originario. Los resultados los está padeciendo el mismo pueblo que ve empeorar día tras día su situación. No habrá una verdadera solución de los problemas del país hasta tanto el pueblo no recupere totalmente el ejercicio de su poder.

6.      Las dificultades de entendimiento cada vez más graves entre el gobierno y la oposición política, a falta de un punto de apoyo común que se respete en la realidad, como debería ser la Constitución vigente, exigen al pueblo que asuma su vocación de ser sujeto social con sus capacidades de realizar iniciativas como, por ejemplo, que la sociedad civil lleve adelante una consulta para señalar el rumbo que quiere dar a la nación como prevé nuestra Carta Magna (Cfr. Art. 71). Si se negara este derecho o se entorpecieran las iniciativas para concretarlo, sólo quedarían dos posibilidades: pérdida definitiva de la libertad, con todas sus consecuencias, o acciones de resistencia y rebeldía contra el poder usurpador. Es el pueblo organizado quien tiene la última palabra. En unión con la mayoría de los venezolanos anhelamos que la dirigencia política y la sociedad civil presenten un proyecto de país creíble y realizable.

7.      El Consejo Nacional Electoral tiene que ser reestructurado para cumpla con la imparcialidad que le pide la Constitución vigente. Solo así actuará con transparencia y equidad en sus funciones y garantizará el respeto a las decisiones del pueblo. Ante las próximas elecciones debe contarse con la presencia y supervisión de Observadores por parte de reconocidos Organismos Internacionales.

8.      Ante la dramática situación que afecta a todos, especialmente a los más pobres, hay dos actitudes: la conformista y resignada, de quienes quieren vivir de las dádivas, regalos y asistencialismo populista del gobierno y otra, la de quienes, conscientes de la gravedad de los problemas, buscan instaurar unas condiciones de verdad, justicia e inclusión, aún a riesgo del rechazo y la persecución. La actitud de resignación es paralizante y en nada contribuye al mejoramiento de la situación. Lo positivo y lo eficaz es el compromiso, la esperanza y la solidaridad. ¡Despierta y reacciona, es el momento!, lema de la segunda visita de san Juan Pablo II a Venezuela (1996), resuena en esta hora aciaga de la vida nacional. Despertar y reaccionar es percatarse de que el poder del pueblo supera cualquier otro poder.

III. CAMINOS PARA LA RECUPERACIÓN

9.      Este momento requiere de una gran dosis de esperanza junto a acciones concretas que contribuyan a mejorar las condiciones de vida, a dignificar a las personas, y a fortalecer a las familias y comunidades a las que pertenecemos.

10.  La emergencia económica y social hace indispensable que el Gobierno permita un Canal Humanitario. La desnutrición ha sido verificada científicamente, las muertes por inanición conmueven, las protestas por el hambre cunden en todo el país. Las diócesis, parroquias, Caritas y otras instituciones y ONGs están haciendo lo posible, para ayudar con alimento y medicinas a quienes los necesiten. Por sensibilidad humana abogan por el derecho de los más necesitados. Además, por nuestra condición de cristianos, el amor de Cristo nos urge a socorrer al prójimo (cf. 2 Co 5,14). Promovamos y mantengamos en nuestras parroquias, comunidades, centros de pastoral y colegios las iniciativas de solidaridad que están dando respuesta inmediata y fraterna a necesidades concretas. En esta dirección se desarrollará la próxima Campaña Compartir durante la Cuaresma.

11.  Venezuela necesita un cambio de rumbo. El Ejecutivo ha fracasado en su tarea de garantizar el bienestar de la población: ni los servicios públicos, ni la industria petrolera, ni los cuerpos de seguridad, ni la sanidad pública, ni otros organismos han sabido responder a las necesidades de la gente. Las elecciones son el medio democrático para lograr ese cambio de rumbo. Exigimos la publicación de un cronograma electoral. El Papa Francisco, en el citado discurso al Cuerpo Diplomático, añadió: “La Santa Sede, mientras exhorta a responder sin demora a las necesidades primarias de la población, desea que se creen las condiciones para que las elecciones previstas para el año en curso logren dar inicio a la solución de los conflictos existentes, y se pueda mirar al futuro con renovada serenidad

12.  La libertad es un derecho humano inalienable, no negociable,  y una exigencia de la democracia. Manifestamos nuestra solidaridad con los centenares de presos políticos, exiliados y detenidos por cualquier causa, muchos en situaciones infrahumanas, enfermos, privados de visitas familiares, a los cuales se les niega el derecho a un debido proceso. Deben gozar de libertad plena. Los organismos del Estado tienen que investigar las denuncias sobre las torturas y castigar a los responsables según las leyes.

13.  El diálogo y la negociación entre Gobierno y representantes de la Oposición, en principio, son inobjetables y necesarios. Sin embargo, deben darse en condiciones distintas de las que hasta ahora se han establecido. Es indispensable un reconocimiento y respeto institucional. Toda negociación ha de fundamentarse en la integridad de los negociadores, en objetivos claros y en una agenda preestablecida y conocida, para que pueda gozar de la confianza y credibilidad de la población.

IV. CONCLUSIÓN

14.  La Virgen María acompaña nuestro sufrimiento. Ella peregrina con nosotros en esta hora de nuestra historia. En el rostro indígena de nuestra Madre de Coromoto vemos reflejado el sufrimiento, los trabajos y los anhelos de nuestro pueblo. En el Niño que ella nos entrega descubrimos la cercanía de Dios y su infinito amor, que nos garantiza el destino glorioso del pueblo en libertad, justicia y paz.

Con nuestra afectuosa bendición,
Los Arzobispos y Obispos de Venezuela,
Caracas, 12 de enero de 2018

domingo, 31 de diciembre de 2017

Oración de fin año - 2017

Comparto con ustedes, hermanos y amigos, esta oración de fin año. Es una propuesta que nos puede ayudar a una pequeña liturgia familiar y que se puede recitar en plural.

ORACIÓN DE FIN DE AÑO

Señor,
Al término de este año quiero darte las gracias
Por todo lo que recibido de ti.
Gracias por la vida y por el amor dado y recibido,
Por las flores el aire y el sol,
Por la alegría y el dolor,
Por lo que ha sido posible
Y por aquello que no pudo ser.

Te regalo todo lo que he hecho este año,
El trabajo realizado,
Las cosas que pasaron por mis manos,
Y lo que con ellas he podido construir.

Te ofrezco las personas que m aman y que siempre he amado,
Las nuevas amistades, las personas cercanas a mí,
Los que se fueron lejos,
Los que han partido de esta vida,
Los que me han pedido ayuda y he podido ayudar,
Las personas con quienes he compartido mi vida,
Los trabajos, dolores y alegrías.

Hoy, Señor, quiero pedirte perdón
Por el tiempo mal utilizado, por el dinero malgastado,
Te pido perdón por las obras vacías,
Por el trabajo mal hecho,
Por haber vivido sin entusiasmo,
Por los tiempos de oración que no te he dedicado,
Por todos mis olvidos, mis silencios,
Te pido humildemente perdón.

Señor del tiempo y de la eternidad,
Tuyo es el hoy y el mañana, el pasado y el futuro.
A las puertas de este año nuevo,
detengo mi vida ante el calendario,
Que está por inaugurarse,
Y te ofrezco de una vez todos los días
que solo Tu sabes que llegaré a vivir.

Hoy te pido para mí y para mis seres queridos.
Paz, alegría, fuerza, prudencia, caridad y sabiduría.
Quiero vivir cada día con optimismo y bondad.
Cierra mis oídos a toda falsedad,
Mis labios a las palabras mentirosas y egoístas
O que puedan herir a otros.
Por lo contrario, abre mi ser a todo lo bueno,
De tal forma que mi espíritu se llene solamente de bendiciones
Y las pueda ir esparciendo en torno a mí.

Lléname de bondad y de alegría,
Para que aquellos que conviven conmigo
Encuentren en mi vida un poco de ti.

Señor, dame un año feliz
Y enséñame a difundir con mi vida tus bienaventuranzas.

Te lo pido en nombre de Jesús. Amén

(Oración compuesta por Arley Tuberqui,
un campesino latinoamericano).

domingo, 24 de diciembre de 2017

HOMILIA DE NAVIDAD 2017

HOMILIA DE NAVIDAD 2017
Muy amados hermanos,
“¡Hoy hemos visto cosas maravillosas!” exclamaron los pastores al regresar aquella bendita noche de la gruta de Belén. ¿Qué habían visto? A una mamá, a su esposo y a un niño recién nacido acostado en un pesebre y envuelto en pañales. ¡Pero ellos dicen que vieron cosas maravillosas! Lo que vieron podía llamarles la atención por lo extraño y particular de la ubicación de ese nacimiento y la cuna del niño, pero no maravillarlos.
Entonces ¿qué fue lo que vieron que los maravilló? Para saberlo hay que a la buena noticia que un ángel les hizo de parte de Dios aquella noche, después de ser envueltos en la gloria y la luz del Señor. Es sin duda algo maravilloso, para unos pobres pastores nocturnos, verse envuelto en la gloria y la luz del Señor y recibir un anuncio en un contexto tan solemne de parte de un ángel. Pero el anuncio no decía que esa manifestación divina era lo maravilloso.  Había algo más que no habían visto aún. Además, no se trababa de cualquier noticia, de una noticia más. Era una noticia de tal magnitud que los llenaría de alegría no solo a ellos, ni a unos poquitos sino a todo el pueblo. Y ¿cuál es esa famosa noticia que les causó tanta alegría que empezaron a difundirla por donde iban pasando?
Precisamente lo que vieron: “un niño acostado en un pesebre y envuelto en pañales”. Era la señal que les había dado el ángel: “encontrarán a un niño recién nacido, envuelto en pañales y acostado en un pesebre”. En ese lugar inhóspito, en ese atuendo tan común, yacía un niño y en él reconocieron nada menos que “el Salvador, el Mesías, el Señor”.  Todo coincidía con las palabras del ángel y el grandioso coro del ejército celestial. Ellos eran los primeros en enterarse de una noticia que sobrepasaría los estrechos límites del pequeño pueblo de Belén, incluso de toda Palestina y se difundiría en el mundo y la creación entera.
Y ¿cómo unos hombres iletrados sin preparación alguna pudieron ver en ese niño al Mesías, al Señor, al Salvador? Porque primero “fueron envueltos en la luz y en la gloria del Señor”. Con los ojos de la tierra vieron un niño, con los ojos de la fe vieron al “Mesías, al Señor, al Salvador”. Fue esa misma luz la que hizo que volvieran de Belén glorificando y alabando a Dios “por lo que habían visto y oído y todo los que oyeron los que decían los pastores quedaban a su vez maravillados".
Ellos fueron los primeros pobres evangelizados que gozaron de la dicha de ver lo que otros no ven y oír los que otros no oyen, anunciada por Jesús en su primera bienaventuranza. Evangelizar a los pobres será precisamente la misión primordial asumida por Jesús. “He sido enviado para evangelizar a los pobres” (Lc 4,18). Mientras Augusto convocaba un censo para empadronar a la colonia judía y cobrarles más impuestos y Herodes cometía toda clase de crueldades para proteger su trono, el Señor llevaba a cabo con los pequeños lo que ya había cantado su madre María cuando visitó a Isabel: “Derribó a los poderosos de sus tronos y elevó a los humildes” (Lc 1,52).
Ellos fueron los primeros en pasar por el nuevo puente, cantado por el coro de los ángeles, la escala soñada por Jacob (Gen 28,12), e inaugurado por el Hijo de Dios hecho hombre (Cf He 10,20), por el que, esta vez para siempre, quedarían comunicados los hombres con Dios, el cielo con la tierra, las criaturas con el salvador.  Lo que el salmista anunció en el antiguo testamento en futuro, con el inicio del Nuevo se ha vuelto una realidad: “La salvación ya está entre sus fieles, y la Gloria de Dios habita en nuestra tierra. El amor y la verdad se dan cita, la justicia y la paz se besan, la verdad brota de la tierra, la justicia se asoma desde el cielo… ¡Nuestra tierra da su cosecha!” (Sal 85). ¡Por fin se abrían los cielos y las nubes llovían la salvación! (Cf Is 45,8; 55,10-11).
Estos humildes pastores, figuras descalificadas y de baja credibilidad en su época, se transformaron, a su vez, en los primeros evangelizadores, junto con María y José. Fueron los primeros en difundir la buena noticia, el evangelio de la anhelada llegada del Mesías a su pueblo. Hacían suya, sin saberlo, la hermosa poesía del salmista: “Cada generación pondera tus obras a la otra y le cuenta tus hazañas. Alaban ellos tu esplendorosa majestad y yo recito tus maravillas. Celebran la memoria de tu inmensa bondad y aclaman tu victoria y yo narro tus grandezas” (Sal 145). Les tocaba a ellos ahora difundir la gran noticia del advenimiento del Salvador a este mundo.
Nosotros también estamos convocados a seguir difundiendo esta gran noticia que retumbó en la noche estrellada de Belén. Como los primeros pastores, “vayamos a Belén a ver lo que ha sucedido y que el Señor nos ha dado a conocer”. Que el Señor nos envuelva también en el esplendor de su gloria y se abran luminosos nuestros ojos de la fe para que, así como lo pastores, en aquel pobre establo de Belén, vieron estallar la fuerza de la vida y de la esperanza, sepamos también nosotros descubrir la presencia del amor salvador de Jesús en las manifestaciones sencillas y pequeñas de la vida cotidiana.
Grandes calamidades se están abatiendo sobre nosotros. Pero hoy no es el día para desgranar las cuentas de los misterios dolorosos de los venezolanos. Hoy es el día para celebrar con renovado gozo la Natividad de nuestro Señor. Nuestra fe y nuestra esperanza siempre han de ser más grande que nuestros dolores y sufrimientos.
Es muy posible que la Navidad de este año se parezca más a la navidad original, la de Jesús, y menos a las navidades comerciales y a sus personajes consumistas. Si tenemos a Jesús con nosotros tenemos la luz y la esperanza del mundo. “Si Dios está con nosotros ¿quién estará contra nosotros? ¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿El sufrimiento, la angustia, la persecución, el hambre, la desnudez, la inseguridad, la violencia? De todo esto saldremos más que vencedores gracias a Dios que nos ha amado…Ni las alturas ni las profundidades ni cualquiera otra creatura podrá separarnos del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús, nuestro Señor” (Rom 8, 31-39).
La celebración de la verdadera Navidad da fuerzas, infunde ánimo, alimenta nuestra esperanza. Y ella siempre está a nuestro alcance. La alegría de Navidad está en abrir con generosidad las puertas de nuestro corazón y de nuestra casa para que entre el Señor, y con él, la salvación llegue a nuestra familia y a nuestra patria.
No digamos que no es Navidad porque no tenemos regalos que dar ni recibir. Compartamos solidaridad. Compartamos esperanza. Compartamos ánimo y consuelo. Ayudémonos a llevar nuestras cargas los unos a los otros. Regalémonos perdón, olvido de ofensas, reconciliación entre hermanos. Vayamos al encuentro de los niños abandonados, de los ancianos desamparados, de los enfermos no visitados. Fortalezcamos nuestras amistades. Démosle mayor atención y unidad a nuestra familia.   
Que Navidad se transforme en un acontecimiento de tal magnitud que deje una huella profunda en nuestra manera de pensar, de vivir, de relacionarnos con los demás seres humanos. Que penetre tan profundamente en nuestra vida personal y comunitaria que nos empuje a colaborar con Dios, con esperanza y gran empeño, en su plan de salvación. Hay mucho que construir juntos, hay mucho que emprender con ahínco y tenacidad, hay muchos seres humanos que serán más humanos y más hermanos si nos damos como propósito, en el 2018, ir contando como los pastores, lo que hemos visto y oído, la buena nueva de la presencia salvadora de Dios. Un amor único que vino para quedarse.

Maracaibo 25 de diciembre de 2017

+Ubaldo R Santana Sequera fmi
Arzobispo de Maracaibo

domingo, 17 de diciembre de 2017

TERCER DOMINGO DE ADVIENTO - CICLO B 2017 - HOMILIA

TERCER DOMINGO DE ADVIENTO CICLO B 2017
HOMILIA

Con este domingo nos encontramos en el corazón del adviento. La Palabra de Dios de los domingos anteriores nos ha exhortado a cultivar la esperanza y a prepararnos con atención y diligencia a la venida celebrativa de la próxima Navidad y del advenimiento definitivo de Jesús al final de los tiempos en la Parusía. Se nos hizo ver la necesidad de rellenar los barrancos de nuestra vida, de enderezar nuestras sendas torcidas, de rebajar nuestras montañas de pecado, de sacar el pedrusco que nos impide avanzar, con los demás hermanos, al encuentro del Señor que viene.
Las lecturas de hoy colocan ante nuestros ojos tres mensajeros fundamentales con los que el Señor culminó la preparación de la llegada de su Hijo Jesús al mundo: el profeta Isaías, la Virgen María y Juan el Bautista. Cada uno de ellos sabe perfectamente qué espera Dios de cada uno de ellos y qué papel les toca asumir en el Plan de salvación. Y cada uno lo asume con alegría.
Isaías exulta de gozo al conocer cuál es su misión. Le toca dejarse envolver por el Espíritu y ser enviado “a dar la buena noticia a los pobres de su pronta liberación, a vendar los corazones destrozados, a proclamar la libertad de los cautivos, a gritar liberación a los prisioneros, a proclamar un año de gracia del Señor”. Llevar a cabo esa misión es para él como andar vestido de fiesta y sentirse envuelto en un manto de triunfo. En medio de su exultación percibe que ese es el modo en que el Señor quiere sembrar entre los hombres su salvación y siente el deseo de que todos los pueblos lleguen a compartir este mismo júbilo. Lo que no sabía en ese momento Isaías es cuánto exultaría otro enviado de Dios, Jesús de Nazaret, al tocarle leer este texto en la sinagoga (Cf Lc 4,18ss) y descubrir que era a él precisamente a quien le tocaba llevar a plenitud esta misión para que la salvación llegara hasta los últimos confines de la humanidad.
En el salmo responsorial es María de Nazaret la que entona su canto de gozo. Todo su ser exalta al Señor. Desde muy dentro de su corazón brota un manantial inagotable de alegría a causa de Dios su salvador. Ella también, con el anuncio del ángel Gabriel y su encuentro con su prima Isabel, ha descubierto qué quiere Dios de ella, cuál va a ser su misión. Y se pone totalmente, como una pequeña servidora, una humilde esclava, en las manos del Señor para que El lleve adelante su proyecto salvífico.  “Hágase en mi según tu palabra” será el lema permanente de su vida. Quiere que todas las generaciones entiendan que allí está la raíz de su felicidad.
El evangelio de hoy vuelve a colocar delante de nosotros la imponente figura de Juan el Bautista que ya apareció en el evangelio del domingo pasado. Esta vez es Juan el evangelista quien nos lo presenta. El Bautista tuvo un gran arrastre popular, se vio rodeado de discípulos. Su predicación hizo mella tanto en el pueblo sencillo como en los dirigentes. Muchos vieron en él un nuevo Elías, restaurador del reinado legítimo según Dios (Mal 3,23-24); otros lo consideraron el profeta anunciado por Moisés para los últimos tiempos (Dt 18,15). Y no faltaron quienes vieron en él hasta el mismo Mesías. Juan se hubiera podido dejar embriagar por su fuerza carismática sobre las muchedumbres y caer en la tentación de hacer suyo algunos de esos títulos.
Sin embargo, no se dejó arrastrar por ese camino. Declara rotundamente: Yo no soy ni Elías, ni el Profeta ni el Mesías. “No soy sino una simple voz de la que Dios se quiere servir para anunciar la llegada de su Palabra definitiva y salvadora. Esa persona ya está en medio de ustedes y, aunque vino después de mí, no soy digno ni siquiera de desatar la correa de sus sandalias. Esta misión lo embarga de alegría. Así mismo lo expresa en un texto recogido más adelante por el evangelista Juan:” Yo no soy el Mesías, sino que he sido enviado delante de él. Ahora mi alegría es plena” (Jn 3,28).
Después que Jesús inició su misión él se retiró en el silencio. Lo importante para él era que Cristo creciera no él. Todos sabemos que no es fácil ceder el puesto y la guía y volverse un simple colaborador de otra persona para que lleve adelante su misión. ¡Cuántos líderes no quieren atornillarse en el poder, llevándose por delante a quien pretenda recordarle su transitoriedad! ¡Cuántos no se montan en la plataforma de su popularidad para lanzarse en busca de cargos para los cuales no son aptos y ofrecen en sus programas promesas huecas, basadas en la mentira y en la manipulación!
¡Qué importante es saber qué quiere Dios de nosotros para llevar adelante su plan de salvación! ¡Qué importante que haya personas humildes y sencillas, buscadoras de la verdad, animadas por el único deseo de mostrar la presencia de Dios en la historia y en nuestras vidas! Pablo, en la segunda lectura, exhorta a los tesalonicenses a reproducir este modelo de personas:  a vivir totalmente consagrados -espíritu, alma y cuerpo- a Dios. No han de desanimarse, ni angustiarse ante los problemas y los obstáculos que surjan porque “Aquel que los ha llamado es fiel y cumplirá su palabra”.  Cuando nuestra vida calza con nuestra verdadera vocación, entonces se ve inundada también de una gran alegría.
Estos son los testigos claros y contundentes que necesita el mundo de hoy plagado de tantos engaños y mentiras que se quieren vender como verdad. ¡Cuántos pobres no están esperando que les llegue por fin la buena noticia de su salvación! ¡Cuántos ciegos que le ayude a abrir sus ojos a la Verdad! ¡Cuántos seres humanos, paralizados por la ignorancia, que necesitan ponerse a caminar! ¡Cuántos niños y mujeres sometidos al maltrato, a la prostitución, a la explotación laboral, no están esperando que les llegue también a ellos un Isaías, un Bautista!
Los cristianos tenemos aún mucho campo para nuestra misión. No nos durmamos. No somos nosotros los que cambiaremos el mundo. Es la fuerza del amor de Dios que cambia el mundo. Pero necesita enviados, servidores, voces que se pongan a su disposición para llevar adelante su proyecto hasta los últimos rincones de la tierra. Todo esto se puede empezar a hacer realidad en estas próximas Navidades si nos preparamos con seriedad a acoger el mensaje de la verdad sobre la llegada de Jesús y no seguir ahogando esa verdad bajo tanta parafernalia pseudo navideña que en vez de hacer que refulja la Verdad la encubre y la falsifica.
Uno oye decir por ahí que la situación país ha acabado con la Navidad. ¡Cuidado! No confundamos la Navidad con productos, con comidas, con vestidos. No nos dejemos robar la misión que tenemos de vivir la Navidad y comunicarla en cualquier circunstancia en que nos encontremos. Es el buen momento para preguntarnos qué es para mí la Navidad, para descubrir lo esencial de nuestras vidas y la verdadera relación que debemos de establecer con las cosas de esta tierra.
Señor, nos pides que llevemos la alegría del evangelio a nuestro entorno. Ayúdanos a descubrir cuál es nuestro puesto en tu plan de salvación y la misión que nos ha confiado al venir a esta tierra y conocer a Jesucristo tu hijo amado, como nuestro salvador. Que allí se encuentre la fuente de nuestra verdadera alegría. Que como Juan nos alegremos al ver la llegada de la Luz y nos dispongamos a ser su voz sencilla y alegre; que como el profeta tomemos conciencia de que nosotros también hemos recibido en el bautismo y la confirmación la gracia del Espíritu Santo. Que somos ungidos, consagrados, enviados a llevar la Buena Nueva donde nos toque.  Que seamos cristianos alegres como María que supo reconocer y cantar las maravillas que hiciste a través de ella.
Maracaibo 17 de diciembre 2017

+Ubaldo R Santana Sequera FMI
Arzobispo de Maracaibo

domingo, 10 de diciembre de 2017

DOMINGO SEGUNDO DE ADVIENTO 2017 - HOMILÍA - ABRAMOS CAMINO A LA ESPERANZA QUE CRISTO JESÚS NOS HA TRAÍDO

DOMINGO SEGUNDO DE ADVIENTO 2017
HOMILÍA
ABRAMOS CAMINO A LA ESPERANZA QUE CRISTO JESÚS NOS HA TRAÍDO

Queridos hermanos,
El adviento nos pone, llenos de alegría y esperanza, en marcha hacia el encuentro con Jesús el Hijo de Dios en el misterio de su nacimiento en Belén y en su glorioso retorno al final de los tiempos. Hacemos este camino acompañados por el evangelio de S. Marcos y varios testigos del Antiguo y del Nuevo testamento.
Recordemos que este evangelio fue el primero en circular entre las comunidades cristianas de finales del siglo I. En ese momento los seguidores de Jesús enfrentaban grandes dificultades externas e internas. Después de la destrucción del templo en el año 70 DC, se fue intensificando la confrontación con el imperio romano y con la comunidad judía reorganizada en torno a los escribas y fariseos. 
El acoso romano sembraba el miedo en estos recién convertidos. Las comunidades judías terminaron expulsando a los cristianos de las sinagogas. Existían además los discípulos de Juan que lo presentaban como el verdadero Mesías. Ante tantos ataques y dudas, el evangelio de Marcos apareció para responder a las preguntas más acuciantes: ¿Quién en Jesús? ¿Quién es Juan el Bautista? ¿Qué camino deben de seguir los seguidores de Jesús? ¿Cómo comportarse antes tantos acosos?
El evangelio de S. Marcos responde a todas estas preguntas. Hoy leemos el inicio de este texto. Y desde el principio, Marcos trae un anuncio que va llenar a todos de alegría y esperanza, que los va a animar a mantenerse unidos, como discípulos de Jesús, y a afrontar todas las dificultades que se presenten. Y ese anuncio es: Jesús es el evangelio, la buena noticia de Dios porque a él, su Hijo amado, Dios lo constituyó Mesías (que es lo mismo que Cristo), para que llevar a cabo su plan de salvación de la humanidad. Esta afirmación fundamental será el contenido de toda su obra. De hecho, concluye su evangelio con esa misma afirmación, hecha al pie de la cruz por el oficial romano encargado de su ejecución: “Realmente este hombre era Hijo de Dios” (15,39).
Jesús es el Hijo de Dios. En él se cumplen todas las profecías del antiguo testamento que Juan el Bautista, voz que clama en el desierto, recoge, como último de los profetas. Juan no es sino el precursor, el nuevo Elías, vestido como él, que viene a preparar un pueblo bien dispuesto para que reciban a Dios. Se cumplen las promesas anunciadas por Isaías y Malaquías. Su misión es exhortar al arrepentimiento de los pecados ante la inminente presencia pública del Mesías. Juan sabe que él es un abridor de caminos y que ante el Ungido de Dios él no es digno ni siquiera de desatarle las sandalias, función reservada a los esclavos. 
Nosotros también vivimos un tiempo de grandes dificultades y confusiones. Por todas partes surgen conflictos, enfrentamientos y guerras fratricidas que ponen en peligro el destino de la humanidad entera. Y nos preguntamos ¿hay esperanza para un futuro mejor? ¿qué rol nos toca jugar a nosotros los cristianos en medio de tantas tribulaciones? ¿Cómo llevar adelante el testimonio de Jesús como Hijo de Dios hecho hombre y salvador de la humanidad? También nosotros podemos por consiguiente encontrar en la lectura de este evangelio repuestas a nuestros grandes interrogantes y la luz y la fuerza que necesitamos para actuar.
Juan vino en un momento álgido de la historia a hacer oír su voz, a abrir caminos. Recoge en su predicación la inmensa corriente de profetas que fueron sembrando también esperanza y ánimo en diversas épocas de la historia del pueblo de Israel. Nosotros hoy también estamos llamados a hacer oír el evangelio de Cristo buena nueva para todos los pueblos. Estamos llamados, por nuestro mismo bautismo, a abrir caminos para que los hombres de hoy puedan también salir al encuentro de Jesús y encontrar en él la respuesta que necesitan. No nos quedemos callados. Trabajemos activamente para que la esperanza no se apague, para que a los desanimados y desesperados les llegue también esta buena noticia salvadora.
Hoy es el día internacional de los Derechos Humanos. Este código de convivencia humana fue asumido por todas las naciones, en 1948, al finalizar las dos grandes guerras mundiales que azotaron el siglo XX y causaron millones de víctimas. Sin duda se han hecho grandes progresos sobre todo en defensa de la niñez y de la mujer, de los pueblos indígenas, de la supresión de la esclavitud, de la contaminación del medio ambiente. Causa alegría por ejemplo como se ha consolidado en América Latina el proyecto llamado Red Pan amazónica (REPAM), auspiciado por la Iglesia de Brasil y el Consejo episcopal latinoamericano y que ha encontrado un fuerte apoyo en la encíclica “Laudato Si” del Papa Francisco y la convocatoria de un Sínodo universal sobre la Amazonía.
Pero aún quedan muchos valles de indiferencia y olvido que rellenar, muchas colinas de prepotencia y orgullo que rebajar, muchos senderos torcidos de intereses particulares y corrupción que enderezar, muchos pedruscos en el camino que hay que quitar para se abra más amplia la ruta que conduce a la paz universal. Quedan muchos desiertos de deshumanización que hacer florecer con la buena noticia que Dios nos ha enviado con la presencia de su Hijo, nuestro Señor y Salvador.
Ponernos a trabajar en esta cantera es la mejor manera de preparar la Navidad y nuestro encuentro definitivo con el Señor en la Parusía. Como nos exhorta hoy S. Pedro en la segunda lectura nosotros hoy viviendo activamente nuestra condición cristiana, ya hacemos realidad desde esta tierra los cielos nuevos y la tierra nueva que sea morada para una humanidad renovada en el amor.
Hagámosle eco a Isaías, a Malaquías, a Juan el Bautista: alcemos nuestra voz anunciemos a gritos que con Cristo se acabó la servidumbre, llegó la libertad y resplandeció la verdad. Dediquemos nuestra vida personal, familiar y comunitaria a preparar caminos para un mundo mejor, lleno de paz y de fraternidad, de misericordia y bondad. ¡Aparecerá entonces la gloria del Señor! y ¡no solamente la cantarán los ángeles en el cielo sino también los coros de los humanos que habremos aprendido a ser hermanos! Amén
Maracaibo 10 de diciembre de 2017

+Ubaldo R Santana Sequera FMI